
El papa León XIV llegó este viernes a Uruguay para iniciar una gira apostólica de 12 días por Sudamérica que también lo llevará a Argentina y Perú. El avión que lo trasladó desde Roma aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, en Montevideo, donde fue recibido por el presidente uruguayo, Yamandú Orsi, autoridades civiles, representantes de la Iglesia católica y delegaciones diplomáticas.
Tras descender de la aeronave de Ita Airways,
el pontífice recibió honores militares y flores de manos de dos niños.
Posteriormente, recorrió las calles de la capital uruguaya en medio de muestras
de afecto de cientos de personas que se congregaron para saludarlo. Su llegada
marca el inicio de una visita considerada histórica, la primera de un papa a
Uruguay desde los viajes de Juan Pablo II en 1987 y 1988.
La primera ceremonia oficial se realizó en la
Plaza Independencia de Montevideo, donde unas 30.000 personas participaron del
encuentro con autoridades, representantes de la sociedad civil y miembros del
cuerpo diplomático. También estuvieron presentes los expresidentes Julio María
Sanguinetti, Luis Alberto Lacalle Herrera y Luis Lacalle Pou, además de
organizaciones sociales y comunitarias.
Durante el acto, el presidente Orsi dio la
bienvenida al pontífice y destacó los vínculos históricos y culturales entre
Uruguay y América Latina. Calificó su presencia como un privilegio y señaló que
la región, pese a haber atravesado procesos difíciles en la formación de sus
Estados e instituciones, es actualmente uno de los pocos lugares del mundo que
no registra guerras entre países.
El mandatario también valoró la labor de la
Iglesia católica en el ámbito social y su contribución a la defensa de los
derechos humanos. Sostuvo que el diálogo, la paz y la negociación constituyen
caminos indispensables para resolver las diferencias y construir sociedades más
justas y fraternas.
En su primer discurso, León XIV centró su
reflexión en la historia uruguaya y particularmente en la Redota, conocida como
el Éxodo del Pueblo Oriental, evocada en el monumento a José Gervasio Artigas
ubicado en la plaza. A partir de esa referencia histórica, recordó las palabras
del prócer sobre el origen de la autoridad y afirmó que el poder público debe
ejercerse siempre al servicio del bien común.
El pontífice también abordó la responsabilidad
de las sociedades en la administración de sus recursos naturales y energéticos.
Reconoció los avances de Uruguay en la transformación de su matriz eléctrica
hacia fuentes renovables, pero advirtió sobre los desafíos relacionados con el
transporte, la producción y el uso responsable de la tierra, el agua y la
energía, con una perspectiva de largo plazo que no comprometa a las futuras
generaciones.
Otro de los ejes de su intervención fue la
defensa de la vida y la protección de los niños. León XIV sostuvo que quienes
todavía no han nacido forman parte de la familia humana y merecen dignidad y
protección. Asimismo, destacó que la educación debe garantizar oportunidades
para desarrollar capacidades, incorporarse al mundo laboral y alcanzar
autonomía mediante el esfuerzo personal.
Al referirse al trabajo y al desarrollo
económico, el Papa recordó las enseñanzas de san Juan Pablo II en la encíclica
Laborem exercens, según las cuales el trabajo debe estar al servicio del hombre
y no el hombre al servicio del trabajo. Advirtió que la digitalización y la
inteligencia artificial deben ampliar las capacidades humanas y generar nuevas
posibilidades, sin convertir a los trabajadores en piezas prescindibles de los
procesos productivos.
León XIV también exhortó a que los frutos de
la inversión y de la iniciativa económica se traduzcan en oportunidades
concretas para toda la población. Señaló que las desigualdades en el acceso a
los recursos repercuten directamente en las condiciones de vida y en las
posibilidades de construir un futuro, por lo que pidió orientar la economía
hacia el bienestar común.
En otro momento de su mensaje, hizo referencia
a las personas enfermas, con discapacidad, desempleadas o que atraviesan
situaciones de exclusión y pérdida de autonomía. Relató su propia experiencia
con las limitaciones impuestas por la enfermedad y pidió fortalecer la
solidaridad, la atención sanitaria y los vínculos comunitarios. También
advirtió sobre la necesidad de acompañar a quienes sufren soledad, angustia o
pérdida de esperanza, especialmente frente a la realidad del suicidio.
La agenda del pontífice continuará este sábado con una misa en la ciudad de Paysandú, a unos 370 kilómetros de Montevideo, una visita al barrio Casavalle y un encuentro en la Universidad Católica del Uruguay. Por la noche encabezará una vigilia de oración en el estadio Centenario, donde se espera la participación de unas 60.000 personas. El domingo celebrará otra misa en Florida y posteriormente partirá hacia Argentina, segunda escala de una gira que concluirá en Perú.