
Flávio Bolsonaro reapareció públicamente en Estados Unidos durante una gala privada de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), celebrada el jueves por la noche en Mar-a-Lago, la residencia de Donald Trump en Palm Beach, Florida. Fue su primera intervención pública desde que salió de Brasil tras perder las elecciones presidenciales.
El senador brasileño, de 45 años, llegó al
evento acompañado de su hermano Eduardo Bolsonaro, quien mantiene estrechos
vínculos con Trump y su Gobierno. Ambos subieron al escenario junto a Matt
Schlapp, presidente de la CPAC, ante los aplausos de los asistentes.
Durante una conversación con Schlapp, Flávio
anunció que continuará su actividad política desde territorio estadounidense.
“Desde aquí, desde Estados Unidos, seguiré luchando con todas mis fuerzas por
mi país”, afirmó, en una declaración que confirma su intención de ejercer la
oposición desde el extranjero.
El senador sostuvo que su bloque consiguió la
mayoría en la Cámara de Diputados y el Senado, y que esos espacios legislativos
serán su principal frente de resistencia para impedir que Brasil avance hacia
el comunismo. También cuestionó al Tribunal Supremo, al que responsabilizó por
la supuesta persecución judicial contra su sector político.
En otro momento, Schlapp le preguntó cómo se
decía en portugués “nos la robaron”. Flávio respondió que las elecciones habían
sido robadas, aunque no presentó pruebas para respaldar esa acusación. El
dirigente de la CPAC repitió la afirmación en inglés ante el público.
La gala forma parte de un retiro de la organización
conservadora estadounidense que se desarrolla del 4 al 7 de noviembre, con
discursos y reuniones privadas para miembros y simpatizantes. La entrada para
la cena anual cuesta 2.500 dólares y entre los invitados figura el actor Jim
Caviezel, protagonista de La pasión de Cristo.
Antes de su aparición en Mar-a-Lago, Flávio
había sido visto el domingo en un culto de una iglesia evangélica frecuentada
por brasileños en Coral Springs, al norte de Miami. Asistió acompañado de su
esposa, Fernanda, y de sus dos hijas adolescentes.
La salida del senador de Brasil se produjo dos
días después de su derrota electoral frente a Luiz Inácio Lula da Silva, por
una diferencia de aproximadamente cuatro millones de votos. Su partida
sorprendió tanto a sus adversarios como a sectores de su propio partido, que
desconocían hasta qué punto estaba prevista su salida.
El día posterior a los comicios, Flávio visitó
a su padre, Jair Bolsonaro, quien cumple prisión domiciliaria, y recibió una
orden judicial para entregar sus pasaportes en un plazo de 24 horas, en el
marco de una investigación por corrupción. Ese mismo día grabó un video en el
que aseguró que nunca había pensado en abandonar el país. Sin embargo, utilizó
su pasaporte para cruzar la frontera.
En una entrevista con The New York Times,
publicada horas antes de la gala, el senador afirmó que estaba convencido de
que habría sido condenado si permanecía en Brasil. También sostuvo que no
recibió ayuda externa para salir del país y aseguró que las elecciones fueron
fraudulentas, pese a que no presentó evidencias. La máxima autoridad electoral
brasileña, encabezada por un juez nombrado por su padre, certificó el
resultado.
Flávio también declaró que se llevará a la
tumba la forma en que consiguió llegar a Estados Unidos. Mientras tanto, el
Partido Liberal (PL) intenta reorganizarse tras la salida de su candidato
presidencial, que anunció que continuará su actividad política desde el
extranjero mediante una carta difundida días atrás.
El senador es el segundo de los hermanos Bolsonaro que se instala en Estados Unidos. Eduardo reside en Texas desde que fue condenado en Brasil por interferir en el proceso judicial contra su padre. Flávio cuenta con un permiso de permanencia de un año, mientras los otros dos hermanos varones acaban de ser elegidos diputados y la esposa de Jair Bolsonaro ocupa un escaño en el Senado.