
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alcanzó un acuerdo con Rusia para permitir la comercialización de cientos de miles de barriles de diésel ruso, una medida que busca aliviar los elevados precios de los combustibles antes de las elecciones legislativas del 3 de noviembre. Sin embargo, el pacto tendría un efecto limitado sobre el mercado estadounidense y proporcionaría al Kremlin un alivio financiero en medio de las dificultades económicas provocadas por la guerra contra Ucrania.
Las primeras partidas de combustible ruso ya comenzaron a llegar a Estados Unidos y se esperan nuevos cargamentos durante las próximas semanas y meses. No obstante, los volúmenes previstos serían insuficientes para modificar significativamente los precios internos, mientras que Moscú obtendría mayor libertad para colocar su producción en otros mercados sin exponerse a nuevas represalias estadounidenses.
Según analistas de la consultora Eurasia citados por el diario El País, el primer envío, de unas 300.000 toneladas de diésel, equivale aproximadamente a medio día de consumo estadounidense de combustibles destilados. Por ello, su impacto sobre los precios sería reducido, aunque el acuerdo representa un cambio importante en la política de Washington hacia Rusia.
El principal beneficio para el Kremlin radica en la flexibilización de las restricciones comerciales que dificultaban la venta de sus derivados petroleros. La medida debilita la estrategia occidental de presión económica contra Moscú y abre nuevas oportunidades de ingresos para un Gobierno que destina una parte considerable de su presupuesto a defensa y seguridad para sostener la invasión de Ucrania.
El acercamiento fue celebrado por Kirill Dmitriev, uno de los principales representantes rusos en las negociaciones con Washington. El funcionario sostuvo que el pacto abre la puerta a nuevas oportunidades de cooperación entre ambas potencias y defendió que las sanciones perjudican también a los consumidores y agricultores estadounidenses. Moscú, según el análisis de El País, no habría tenido que ofrecer una contraprestación concreta para obtener este alivio.
La decisión, sin embargo, provocó críticas en el Congreso estadounidense. Seis senadores republicanos firmaron una carta, respaldada también por legisladores demócratas, en la que cuestionaron el acuerdo y advirtieron que podría contravenir una ley de 2022 que exige notificar previamente al Congreso determinadas compras de petróleo ruso. Los legisladores consideran que la medida beneficia a Putin y facilita la financiación de su maquinaria militar.
Entre los críticos figura la senadora republicana Susan Collins, que busca la reelección en Maine y ha tomado distancia de Trump en medio de una campaña electoral complicada. Los opositores al pacto sostienen que aliviar las restricciones comerciales a Rusia contradice los compromisos de apoyo a Ucrania y perjudica la unidad de los aliados occidentales frente a la invasión.
El acuerdo también se produce en un momento delicado para el Partido Republicano, que busca contener el impacto electoral de la inflación y del encarecimiento de la energía. El diésel estadounidense supera los seis dólares por galón, un nivel excepcional que afecta al transporte de mercancías, la agricultura y la industria. Algunos candidatos republicanos han cuestionado que la solución pase por negociar con Moscú.
La controversia se suma a las diferencias entre Trump y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. El mandatario estadounidense ha responsabilizado a Ucrania de parte del encarecimiento energético por sus ataques contra refinerías rusas y ha aumentado la presión sobre Kiev para que busque una salida al conflicto. Zelenski, por su parte, afirmó que está dispuesto a organizar elecciones si Rusia acepta detener las hostilidades durante dos meses.
Mientras Washington flexibiliza su posición comercial, el Kremlin mantiene su rechazo a negociar un alto el fuego en los términos planteados por Ucrania. Los ataques rusos contra infraestructura energética y objetivos civiles continúan, mientras Kiev ha advertido que seguirá golpeando refinerías rusas ante la falta de avances hacia una tregua efectiva.
El pacto también pone en duda la cohesión occidental frente a Moscú. Al permitir nuevas ventas de diésel ruso, Estados Unidos se aparta de la estrategia de presión económica que sus aliados han sostenido desde el inicio de la invasión. La decisión podría reducir temporalmente las tensiones en el mercado de combustibles, pero también debilita el aislamiento internacional que buscaba limitar los recursos del Kremlin.
Los analistas del Bank of America advierten que el alivio de las sanciones y la liberación de reservas pueden reducir momentáneamente la escasez, pero no resolverán los problemas estructurales de inventarios, capacidad de refinación y logística. Sin un alto el fuego y una recuperación sostenida de la oferta, el mercado seguirá expuesto a nuevas subidas de precios.
En este escenario, Trump enfrenta el riesgo de que su apuesta produzca resultados limitados en el mercado estadounidense y beneficios más duraderos para Rusia. Mientras los consumidores esperan una reducción del costo del combustible, Putin gana margen comercial y financiero para sostener la guerra, en una decisión que reconfigura las relaciones entre Washington, Moscú y Kiev.