
Estados Unidos lanzó una nueva serie de ataques militares contra Irán, en la sexta noche consecutiva de ofensivas, mientras aumenta la tensión entre ambos países tras la ruptura de una frágil tregua y el estancamiento de las negociaciones diplomáticas. Washington aseguró que los bombardeos buscan reducir las capacidades militares de Teherán, mientras Irán advirtió que responderá contra infraestructura estratégica de la región.
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) informó que sus fuerzas atacaron centros de mando, posiciones de defensa aérea, instalaciones de lanzamiento de misiles y drones, además de puntos de vigilancia costera iraníes. La operación se extendió hasta la provincia de Semnan, ubicada a unos 232 kilómetros al este de Teherán, lo que evidencia una ampliación de los objetivos estadounidenses dentro del territorio iraní.
Según el CENTCOM, una de las ofensivas más importantes se produjo contra emplazamientos de defensa costera y misiles de crucero en la isla de Gran Tunb, en una operación que duró aproximadamente 90 minutos. Washington afirmó que sus acciones buscan impedir amenazas contra la navegación internacional en el golfo Pérsico.
La Armada estadounidense también atacó un petrolero que intentaba cruzar el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del comercio energético mundial. Estados Unidos sostiene que restableció un bloqueo naval sobre puertos iraníes para limitar el tránsito de buques y ejercer presión sobre el Gobierno de Teherán.
Irán respondió con ataques de misiles y drones contra bases estadounidenses ubicadas en Baréin y Kuwait. Las autoridades militares de ambos países aliados de Washington informaron que sus sistemas de defensa aérea lograron interceptar los proyectiles antes de que causaran daños mayores.
La escalada ocurre en medio de la frustración de la Casa Blanca por la falta de avances diplomáticos después de cinco meses de conflicto. Aunque Irán liberó recientemente a una ciudadana con doble nacionalidad estadounidense e iraní detenida durante dos años, Donald Trump consideró el gesto insuficiente y pidió mayores compromisos por parte de Teherán.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que Irán continúa dialogando con Estados Unidos porque, según Washington, está sufriendo "golpes devastadores" por parte de las fuerzas estadounidenses. También justificó la nueva ofensiva al acusar a Teherán de incumplir acuerdos relacionados con la seguridad de los barcos comerciales que circulan por el estrecho de Ormuz.
El vicepresidente estadounidense, JD Vance, aseguró que la estrategia de Washington combina presión económica, operaciones militares y negociaciones diplomáticas. Mientras tanto, el principal negociador iraní, Mohammad Ghalibaf, sostuvo que su país debe estar preparado para continuar la lucha, aunque también dejó abierta la posibilidad de recurrir a la diplomacia.
La tensión aumentó después de que Trump amenazara con destruir centrales eléctricas y puentes de Irán si no se retoman las negociaciones antes de la próxima semana. En respuesta, el Ejército iraní advirtió que podría atacar infraestructura de toda la región si Estados Unidos cumple sus amenazas.
El principal punto de disputa continúa siendo el estrecho de Ormuz, una vía marítima por donde circula una parte fundamental del petróleo y materias primas del mundo. Tanto Estados Unidos como Irán aseguran tener capacidad de controlar la zona, lo que incrementa los temores sobre una nueva crisis energética global.
La reanudación de los combates ya provocó un aumento en los precios del petróleo y sus derivados. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advirtió que la economía mundial no está fuera de peligro debido a la reducción de reservas y al impacto que tendría una interrupción prolongada del suministro energético.
Mientras las hostilidades continúan, Pakistán pidió a Washington y Teherán detener los enfrentamientos y volver a la mesa de negociaciones. Islamabad alertó que la crisis en el estrecho de Ormuz afecta el comercio internacional, la seguridad alimentaria y el abastecimiento energético de numerosos países, especialmente del sur global.