
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán condenó este domingo los nuevos ataques militares de Estados Unidos en su territorio y acusó a Washington de haber anulado meses de esfuerzos diplomáticos. En un comunicado, Teherán afirmó que la administración Trump ha “violado abiertamente casi todos los términos” del protocolo de acuerdo suscrito en junio y ha provocado el “regreso de la inseguridad” al estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por el que circula aproximadamente el 20% del petróleo negociado a nivel mundial.
La República Islámica responsabilizó a Washington de haber “dejado sin efecto todos los esfuerzos de estos últimos meses” destinados a restablecer la paz en la región.
El Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó que sus fuerzas lanzaron la nueva ronda de ataques por orden directa del presidente Donald Trump. Es la cuarta gran oleada de bombardeos en menos de una semana, en un ciclo de escalada que ha erosionado el frágil alto el fuego acordado entre ambos países a mediados de junio.
El detonante inmediato fue un nuevo incidente en el estrecho. Los Guardianes de la Revolución —la fuerza paramilitar del régimen iraní— atacaron un buque portacontenedores de bandera chipriota que intentaba cruzar el paso por una ruta que Teherán considera no autorizada. El barco sufrió daños graves en la sala de máquinas y su tripulación, compuesta íntegramente por ciudadanos indios, se vio forzada a abandonarlo. Un marino continúa desaparecido.
El memorándum de entendimiento firmado el 17 de junio por Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian preveía 60 días de tregua para negociar el fin de la guerra —iniciada el 28 de febrero con los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra instalaciones militares y nucleares iraníes— con dos compromisos recíprocos: el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes y la reapertura del estrecho al tránsito internacional. Washington también acordó suspender las sanciones sobre el petróleo iraní, pero el Departamento del Tesoro las revocó menos de 20 días después de la firma.
La semana previa al domingo fue la más violenta desde la firma del acuerdo. El 7 de julio, los Guardianes de la Revolución atacaron un petrolero qatarí y un superpetrolero saudí en el estrecho y, en menos de 24 horas, golpearon un tercer buque. Estados Unidos respondió con sucesivas oleadas que sumaron más de 170 objetivos militares en dos días y causaron al menos 17 muertos y 115 heridos, según el Ministerio de Sanidad iraní. Trump declaró el miércoles que el alto el fuego había “terminado”, aunque ambas partes mantuvieron formalmente el memorándum.
Irán respondió a los bombardeos del domingo lanzando drones y misiles contra Kuwait, Bahréin, Qatar, Jordania y Omán, que horas antes había acogido conversaciones entre el canciller iraní Abbas Araghchi y su homólogo omaní. Qatar calificó los ataques de “flagrante violación de la soberanía”. Pese a la declaración iraní de cierre del estrecho, la Armada de Estados Unidos informó que la ruta sur permanece operativa, aunque con nivel de amenaza “severo”.
El canal diplomático no se ha cerrado, pero opera bajo presión extrema. Pakistán, Qatar, Egipto y Omán mantienen su papel mediador sin que haya indicios de contacto directo entre Washington y Teherán. El secretario general de la ONU, António Guterres, instó a ambas partes a “reanudar urgentemente las negociaciones”. El nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei —que asumió el cargo tras la muerte de su padre en los ataques del 28 de febrero— declaró este fin de semana que la venganza “es la voluntad de nuestra nación y debe cumplirse, inevitablemente”. Con el proceso de paz al borde del colapso, la pregunta ya no es si el memorándum puede sobrevivir a otro ciclo de intercambios de fuego, sino si los mediadores tienen margen para imponer una pausa antes de que la escalada se vuelva irreversible.