
Rusia ejecutó el mayor bombardeo contra Kiev desde el inicio de la guerra en 2022, en una ofensiva masiva que incluyó más de 600 drones y cerca de 100 misiles, entre ellos el temido proyectil hipersónico Oreshnik, capaz de portar ojivas nucleares y diseñado para alcanzar objetivos europeos. El ataque dejó al menos cuatro muertos y más de un centenar de heridos, además de severos daños en edificios residenciales, infraestructura pública y zonas culturales de la capital ucraniana.
El Kremlin envió dos mensajes simultáneos con la ofensiva. El primero estuvo dirigido al gobierno del presidente Volodímir Zelenski, golpeando zonas consideradas “centros de poder” en Kiev, incluidos sectores cercanos al barrio gubernamental. El segundo mensaje fue destinado a los aliados europeos de Ucrania mediante el uso del misil balístico Oreshnik, un arma de alcance intermedio con capacidad nuclear y un radio operativo de hasta 6.000 kilómetros.
Aunque el misil no llevaba carga nuclear, su utilización fue interpretada por analistas occidentales como una advertencia estratégica a Europa y a la OTAN. El proyectil impactó en la localidad de Bila Tserkva, donde destruyó garajes comunitarios, convirtiéndose en la tercera ocasión en que Moscú emplea este sistema de armas durante la guerra.
El ataque se produjo luego de que Rusia acusara a Ucrania de bombardear una escuela profesional en la región de Lugansk ocupada, incidente que habría causado la muerte de 21 personas. Según medios rusos, el presidente Vladimir Putin ordenó responder militarmente tras ese episodio, intensificando la presión sobre Kiev y elevando nuevamente el riesgo de una escalada regional.
A pesar de la magnitud del bombardeo, las víctimas fatales fueron relativamente pocas debido a las advertencias previas emitidas por servicios de inteligencia europeos y estadounidenses, que alertaron sobre un posible ataque masivo. Esa información permitió activar refugios antiaéreos y evacuar zonas vulnerables de la capital ucraniana con varias horas de anticipación.
La defensa aérea ucraniana logró interceptar cerca del 87% de los drones y misiles de crucero utilizados en la ofensiva. Sin embargo, los misiles balísticos e hipersónicos continúan representando una amenaza mucho más difícil de neutralizar debido a su velocidad y trayectoria impredecible.
Uno de los episodios que simbolizó la resistencia cotidiana de los habitantes de Kiev ocurrió en el barrio de Shevchenko, donde un conocido café fue parcialmente destruido por los restos de un misil. A pesar de los vidrios rotos y los daños estructurales, el local continuó atendiendo a los clientes a través de una pequeña ventanilla, mientras un cartel improvisado anunciaba: “Abierto, como de costumbre”.
Entre los objetivos alcanzados también estuvo el museo dedicado al desastre nuclear de Chernóbyl, ubicado en el distrito de Podil. El edificio sufrió daños parciales tras el impacto de misiles rusos, un hecho que generó indignación debido a que el lugar honra a las víctimas y rescatistas de la catástrofe atómica ocurrida durante la era soviética.
Mientras tanto, los gobiernos europeos condenaron el ataque y reafirmaron su apoyo militar y político a Ucrania. Diversos líderes occidentales calificaron la ofensiva como un intento de intimidación contra Europa y una demostración de fuerza del Kremlin en medio de un escenario cada vez más complejo para las tropas rusas en el frente de batalla.
El año 2026 ha mostrado señales de desgaste para Moscú. Según reportes militares occidentales, Rusia estaría registrando más de 35.000 bajas mensuales, mientras enfrenta crecientes dificultades para reemplazar efectivos sin recurrir a una movilización forzosa. Paralelamente, Ucrania ha intensificado sus ataques de largo alcance contra refinerías, depósitos de combustible y líneas logísticas rusas mediante drones de nueva generación.
En el frente sur, las fuerzas ucranianas habrían recuperado posiciones estratégicas en Zaporiyia, incluyendo la ciudad de Stepnohirsk, y amenazan nuevas líneas defensivas rusas en Kamianske. En el Donbás, también se reportan contraataques ucranianos alrededor de Limán, donde tropas rusas enfrentan problemas de abastecimiento y aislamiento similares a los sufridos anteriormente en Kupiansk.
La tensión aumentó aún más este lunes luego de que el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, recomendara nuevamente a diplomáticos y ciudadanos extranjeros abandonar Kiev ante la posibilidad de nuevos ataques. La advertencia fue transmitida durante una conversación telefónica con Marco Rubio, en un contexto donde la guerra entra en una fase de mayor agresividad militar y creciente riesgo de confrontación directa entre Rusia y Occidente.