Pobreza y política

Editorial

| | 2023-07-29

El cocalero Morales acaba de hacer una confesión de tipo criminal en Argentina. En un foro de activistas de izquierda dijo que los ricos no necesitan hacer política porque ya tienen plata y que son los pobres los que deben tomar el poder porque requieren recursos para mejorar sus vidas.

Con esta revelación sólo habría que determinar cuánto fue lo que robaron él y todos los que lo acompañaron en casi 17 años de gobierno y lo más importante, cuántos bolivianos verdaderamente pobres salieron de esa condición en ese largo periodo, el más prolongado al mando de un solo mandatario en la historia de Bolivia.

Las cifras demuestran claramente que la pobreza disminuyó muy poco en comparación con la enorme avalancha de recursos públicos que tuvo en sus manos el régimen de Morales y que fueron a parar manos de un puñado de personas que nunca fueron pobres, pero que se han vuelto millonarios, sin haber contribuido en lo más mínimo a la prosperidad del país, mucho menos de los más necesitados.

Que los políticos roben y que la política sea el mejor camino para obtener privilegios y riqueza no es nada nuevo. Siempre ha sido así y lamentablemente seguirá siéndolo, en la medida que que los ciudadanos, especialmente los pobres, no logren identificar cuál es el camino para derrotar a la pobreza.

Por desgracia, los políticos, no sólo los iletrados y bocazas como Evo Morales, sino también los eruditos, llevan mucha ventaja lavándoles el cerebro a las masas con el cuento de que la respuesta a los problemas colectivos es la política. De hecho, el marxismo, la teoría más influyente del siglo XX impuso la idea de que el individuo no importa, que el esfuerzo personal es irrelevante y que la fórmula del progreso es la sociedad conducida por una élite de iluminados encargados de planificarlo todo, decidirlo todo y reinar sobre la vida y el futuro de todos.

Así sea el más honesto de los gobiernos, el más transparente de los sistemas políticos o la élite más honrada, la fórmula del estado como gestor de la riqueza nunca ha sido efectiva para transformar la sociedad, sino todo lo contrario. Mientras más estatismo, mientras más se le poder al gobierno para intervenir en los asuntos privados, se genera más pobreza y prueba de ello son los impresionantes desastres ocasionados por el socialismo en aquellos países donde se aniquiló al individuo a nombre del progreso colectivo, la distribución de la riqueza, el bien común, la igualdad, la justicia social y todas las patrañas que inventan los polìticos para endulzar los oidos de los pobres.

Todos dicen sentir pena por los pobres y los socialistas suelen atribuirse el protagonismo en la lucha por superar este flagelo mundo. Sus fórmulas para conseguir han sido un rotundo fracaso y pese a ello, todavía siguen cautivando mentes incautas con sus teorías engañosas, con sus mentiras y la impostura que esconde la macabra verdad de que a los socialistas les conviene que haya pobres, la mayor cantidad de ellos y sobre todo, que se mantengan en la ignorancia, pues de lo contrario se les acabaría el negocio-crimen que confesó el cocalero en Argentina.