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OPINION
El movimiento cultural feminista va más allá
Lunes,  17 de Junio, 2019
Miradas

Como dice Yuval Noah en su libro Sapiens de 2016, “en muchas sociedades, las mujeres eran simples propiedades de los hombres, con frecuencia de sus padres, maridos o hermanos”.  Es decir, su función social estaba circunscrita a lo doméstico, a las labores de la casa, de la procreación y del cuidado de los hijos; y su subordinación era total al hombre, padre o esposo. Desde este enfoque se relata al movimiento feminista como un fenómeno histórico y cultural en desarrollo.

Emerenciana, una vieja amiga, es un vivo ejemplo de cuánto ha sido explotada durante 70 años. Cuenta que su esposo, el viejo Demetrio, nunca la dejó trabajar fuera de casa. Ella solo realizaba  las labores domésticas incluyendo el cuidado y la cría de los animales de corral. Además cuando llegaban visitas, inmediatamente debía retirarse e iba a parar a la cocina o al patio. Sin embargo, cuando todos se sentaban a la mesa, ella quedaba  de pie para no ocupar espacio y estar lista para atender cualquier pedido. Todo era tan normal que nunca pensó en algún cambio para esta jerarquía patriarcal. Es solo ahora con las ideas y propuestas del movimiento feminista que Emerenciana piensa que todo podía haber sido distinto y mejor.
En la actualidad, erróneamente, muchas personas aún piensan que el movimiento feminista se refiere a la lucha contra el machismo; incluso, algunos lo ven como la lucha de las mujeres contra los hombres, a tal punto que llegan a compararlos y declarar que la mujer puede ser mejor piloto de aviación, arquitecta, agricultora, médica o profesora. Mas no se trata de oponer géneros, de lo que se trata es de defender los derechos de la mujer, perdidos histórica y culturalmente mediante  mecanismos perversos como el abuso, la humillación, el irrespeto, la injusticia, el autoritarismo y el poder que ofrece el dinero y los recursos materiales.

El feminismo ha sido y es un movimiento social y político de efectos culturales a mediano y largo plazo, se inició a finales del siglo XVIII, supone la toma de conciencia de las mujeres, como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación, y explotación a que han sido sometidas por los hombres en el seno del patriarcado en sus distintas fases históricas y de los modelos de producción, lo cual las mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que aquella requiera (Mujeres en Red. El Periódico Feminista. 2019).

Por su parte, Raffino M. E. (2019), define el feminismo como un conjunto diverso de posturas y modelos de pensamiento crítico de corte político, económico, cultural y social, que tienen en común su aspiración a la reivindicación de los derechos de la mujer y la conquista de un rol igualitario respecto al hombre en los distintos aspectos de la sociedad. Esta autora señala las siguientes características del feminismo: Diverso, puesto que existen numerosas posturas políticas, sociales y filosóficas.  Continuo, en la medida que no tiene un fin, sino que forma parte de una corriente crítica del pensamiento que cambia con la sociedad. Multidisciplinario, pues no se centra en un campo único, sino que se revela en diversas áreas de la vida. Igualitario, porque no persigue la superioridad de la mujer sobre el hombre, sino un reparto igualitario de los roles y derechos sociales entre ambos.

A nuestro juicio, vemos el movimiento feminista como la proclamación y defensa de  una concepción cultural transversal de derecho y justicia de las mujeres que atraviesan todos los estamentos sociales contemporáneos de la actual aldea global: economía,  política, ideología, religión, identidad étnica, color, sexos, instituciones y estatus social.  No se refiere únicamente a la lucha contra el machismo, sino que se  trata de un cuestionamiento profundo del estado patriarcal, el rol familiar, las subculturas actuales, el conservadurismo arcaico y  tradicional, la igualdad de oportunidades, las creencias y culturas que atentan contra la identidad femenina, las diferencias de salarios, entre otras limitaciones impuestas a la mujer como resultado del devenir histórico y cultural, matizado por la explotación de unos seres humanos sobre otros. 
Acertadamente Cabo Mesonero y Maldonado Román (2005), de la Universidad de Salamanca, señalan que las mujeres, igual que los hombres, tienen opiniones y actitudes políticas e ideológicas muy diversas porque tienen intereses muy diferenciados, pero como seres humanos tienen una serie de derechos comunes que van desde el derecho al trabajo, a la libertad de expresión, a participar activamente en la política, a estudiar, al sexo, y también al merecido descanso después de largas jornadas de trabajo, el derecho al ocio, la cultura y los aspectos lúdicos. Estos apuntan a que el  movimiento feminista surgió al calor de la Revolución Francesa cuando las mujeres se cuestionaron su situación social y el rol que les había asignado, y no en la década de los 60 o los 70 como muchos piensan.

Hoy el Movimiento es muy activo en Estados Unidos, España, México, Colombia, Brasil y Honduras, según entrevista de Jorge Gestoso, periodista de Telesur (2019), en las luchas de las mujeres  y madres inmigrantes, asimismo en las mujeres que luchan por la liberación de Palestina; en la prevención del SIDA  y contra las prácticas culturales  inhumanas en países de África y Asia; en su apoyo al movimiento LGBTI,  como también a las luchas indígenas, al movimiento “Los sin tierra”, a la alfabetización, a  la igualdad de género; y en contra de la violencia familiar,  institucional y laboral, entre otros frentes.

Evidentemente, la historia de la humanidad no hubiera existido sin la presencia de la mujer, no solo por su don de crear y reproducir la especie, sino también por su mano y su corazón en acontecimientos que han estremecido la humanidad, como ha sido su participación en la retaguardia de las grandes revoluciones, o en la vanguardia de la Revolución Francesa y las guerras de independencia. Heroínas como Juana de Arco, Manuela Sáenz,  Eva Perón, Tamara Bunke (Tania), Domitila Chungara, Rigoberta Menchú, Alicia Alonso y Dolores Ibárruri (La Pasionaria) han marcado la historia de los pueblos y el progreso de la humanidad.

Acerca del autor: Juan Burgos Barrero