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OPINION
Cuentos del pueblo grande
Miércoles,  19 de Junio, 2019
Tribuna

No existe una verdad única sobre un evento, sino varias verdades o varias experiencias de vida las que juntas, cada vez pueden contar una historia diferente. 

Problemas del crecimiento poblacional explosivo.- La ciudad de Santa Cruz de la Sierra el año de 1950 tenía 42.000 pobladores y en 68 años (2018) ya tiene 1.700.000 habitantes, es decir que se ha multiplicado en más de 40 veces.

Este explosivo crecimiento producto de la inmigración ha dejado en minoría a la población originaria, los que son ahora alrededor del treinta por ciento. Como producto de esta agresiva expansión poblacional sobre una sociedad de inicio semi rural, se ha producido una ciudad ajena, sin dueño y con ausencia de autoridad pública, donde cada cual busca sobrevivir como puede y ganarse sus pesos. Los riesgos de este rápido crecimiento migratorio de culturas diferentes, más una urbanización rápida y en la última etapa sin planificación, tiene efectos agudos en la infraestructura y la inestabilidad social, que exacerban las disparidades socioeconómicas y crean condiciones insalubres que facilitan además la propagación de enfermedades.

Esta explosión demográfica más una actitud permisiva de la población originaria, una débil autoridad municipal y la prevalencia de discursos de intolerancia pueden llevar peligrosamente a la ingobernabilidad y la violencia.

La difícil tarea de asumir nuestra responsabilidad.- En Santa Cruz, todos los días sufrimos las dificultades de circulación especialmente en las áreas cercanas a los mercados, esto por los abusivos asentamientos de los comerciantes y luego por sus permanentes enfrentamientos con la policía; una situación de nunca acabar por la necesidad y empecinamiento de los vendedores. La solución podría ser simple, pero requiere de algo difícil de conseguir: se llama responsabilidad y educación ciudadana. Si nosotros, ¡todos nosotros!, decidiéramos comprar exclusivamente en las áreas autorizadas, se acabó el problema.

Si no hay compradores no hay ventas y por tanto no hay vendedores; esto que parece tan obvio, poco se lo plantea, ni se lo cuestiona y menos se lo practica. En los medios de comunicación se relatan estos violentos enfrentamientos, pero casi nunca se lee una opinión pidiendo a la gente que por responsabilidad ciudadana no compre en la calle; se critica al comerciante pero no al comprador y así creamos una cultura de la irresponsabilidad. Pero así nomás había sido.

Agresión gratuita al pueblo que los acoge.- En toda la ciudad vemos que se tira basura a las calles como una práctica natural de casi todos los transeúntes, ya sean originarios como afuereños.

Muy temprano voy a caminar al Parque los Mangales y siempre veo un par de simpáticas señoras quienes recogen diariamente y en grandes bolsas la basura plástica arrojada en este hermoso paseo. El marido camina aparte, me imagino que acomplejado al igual que yo por no hacer lo mismo y esto como fruto de nuestros extraños atavismos culturales. Un día vinieron unas muchachas muy simpáticas: era un desafío; acumularon basura se hicieron una “selfie” y nunca más volvieron. Algo es algo. 

Conversando de esto con una señora de allende los mares, me comentaba que esto es más común en ciudades de alta migración, pues algunos migrantes no se sienten ligados a la ciudad que los acoge y más bien la adversan y la agreden y generalmente lo hacen tirando basura. Es que no se sienten identificados con ella, ni la quieren, pues están allí obligados por la necesidad y sus circunstancias.

Boicot a la producción y las exportaciones

En Santa Cruz desde el momento que se tuvo acceso vial a los mercados nacionales e internacionales se empezó a desarrollar una moderna agroindustria y agricultura de exportación, la que nunca tuvo restricciones gubernamentales. En la actualidad el modelo económico masista de dirigismo de la economía, con los cupos y autorizaciones de exportación se tiene agobiados a los empresarios y agricultores y seguramente terminaran por hacer quebrar toda iniciativa lícita en el país. La coca y cocaína no tienen mayores problemas, siempre que se respete la cuota y pague la tarifa. 

En las épocas pre-plurinacionales, los cocaleros bloqueaban las carreteras que pasan por el Chapare, facilitando la salida de su coca procesada y de paso frenando las exportaciones del país. Hoy son los ministros y parlamentarios los que mediante leyes hacen lo mismo, bloqueando las exportaciones. La misma chola con otra pollera.

En el modelo económico populista cocalero, contraviniendo a Adam Smith, el precio no se fija por la oferta y la demanda sino se lo consigue con Decretos o mediante el bloqueo. En estos días y aplicando esta doctrina los soyeros de la zona Este, San Julián y Cuatro Cañadas, dicen que no retrocederán en su pedido de un precio justo por la soya y seguirán bloqueando la carretera que conecta Santa Cruz con el Beni. Es el proceso de cambio, el paso del liberalismo responsable al populismo estatista cocalero

Acerca del autor: Ovidio Roca Avila