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Editorial
Santa Cruz y Porongo
Jueves,  18 de Octubre, 2018
Editorial

El reciente conflicto entre los municipios de Santa Cruz y de Porongo es uno de los más absurdos que se haya visto y no debería repetirse. El acuerdo logrado y que abre la posibilidad de construir uno o dos puentes sobre el río Piraí, debería ser el inicio de un trabajo constante, ininterrumpido, absolutamente técnico y orientado a velar por los intereses de la extensa zona en la que habitan las mismas personas que cada día pasan de un lado a otro para trabajar, estudiar, vender sus productos y crear espacios de bienestar.

Entre los dos municipios no existe más que una división imaginaria. El desarrollo de la zona del Urubó se ha convertido en una extensión de Santa Cruz y para los porongueños no es posible concebir el progreso sin contar con sus vecinos. Todos somos habitantes de una misma casa y no es posible convivir en medio de desencuentros absolutamente artificiales.

Lo que se debe buscar es la solución a problemas comunes. En las dos orillas del río conocemos perfectamente el riesgo que implica el río Piraí y sabemos de la importancia de cuidar el cordón ecológico que evite los desbordes que amenazan con causar destrucción. La preservación de esa franja no debería ser motivo de discusión y cualquier proyecto vial o urbanístico tiene que partir de la premisa de cuidar los defensivos que tantos recursos y trabajo han costado construir y mantener.

Otro aspecto importante e intocable es el agua, un recurso imprescindible para la vida y por supuesto, para el progreso, mucho más si se trata de una ciudad pujante y en constante crecimiento como Santa Cruz y de un municipio como Porongo que tiene grandes aspiraciones. Es descabellado para ambas partes seguir ignorando este factor y resulta imprescindible encarar el desafío de la preservación de los acuíferos naturales, evitar la contaminación y asegurar el suministro sin riesgos de cualquier naturaleza. Las autoridades deben encarar estudios serios sobre el impacto ambiental y las consecuencias que se pueden enfrentar si no se encara este tema con responsabilidad.

En resumen, se debe entender el crecimiento de Porongo y el desarrollo de proyectos urbanísticos con una visión integral. Los porongueños no pueden conformarse con ser una ciudad dormitorio y Santa Cruz tampoco se puede concebir como una urbe condenada al desorden, al caos y los conflictos, mientras que del otro lado del puente se construye la versión opuesta, la ciudad con la que siempre hemos soñado y que se perdió justamente por falta de planificación.

Si no actuamos ahora, no solo se van a agudizar los problemas que ya tenemos de este lado del río, sino que el objetivo de crear un paraíso en la orilla del frente también se podría ver truncado. Los conflictos no ayudan al entendimiento  y los puentes deben multiplicarse, tanto los de cemento, como los del diálogo, la organización y la visión de conjunto.

Santa Cruz no se puede concebir como una urbe condenada al desorden, al caos y los conflictos, mientras que del otro lado del puente se construye la versión opuesta, la ciudad con la que siempre hemos soñado y que se perdió justamente por falta de planificación.