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Editorial
El mar y la democracia
Jueves,  11 de Octubre, 2018
Editorial

Cuando Chile nos arrebató la salida al mar, las guerras, las conquistas y las pérdidas territoriales eran algo considerado normal y siguió siéndolo por muchos años. Bolivia es precisamente uno de los ejemplos más dolorosos de esa lógica que lamentablemente no ha sido desterrada del mundo. De la misma forma, en el pasado las dictaduras eran la regla y las democracias, la excepción. Solo hace falta mirar la galería de presidentes de Bolivia para constatar que la mayoría lucen uniformes, gorras, medallas y todos esos colgandejos que suelen mostrar los militares para presumir su jerarquía.

El fin de la Segunda Guerra Mundial, el evento más horroroso de la historia del mundo, en el que tomaron parte la mayor aventura conquistadora y al mismo tiempo, el ataque más artero contra la democracia, marcó un hito en la humanidad, al conseguir los consensos de más amplia aceptación que se hayan logrado. Primero, que la estabilidad y la paz entre las naciones solo se pueden conseguir en base al derecho internacional y el respeto a las leyes y segundo, que el progreso de las naciones únicamente es posible en el marco de la democracia.

Para llevar adelante esos propósitos, la comunidad internacional creó instancias, que al amparo de la ONU han instituido todo un andamiaje legal y jurisdiccional, importante pero no crucial para consolidar la paz y la democracia. Los países han tenido que fortalecer sus instituciones, fomentar la transparencia y asegurar que la única soberanía que está segura es la que se ampara en el desarrollo y el progreso de los pueblos en cada uno de los rincones de sus territorios. No hay duda que en esos aspectos, Chile nos lleva una larga ventaja a los bolivianos y por más que recurramos a todas las instancias internacionales posibles, por más que nos dieran la razón o por más apoyo que recibamos de otros países, es poco lo que podremos avanzar, si nos mantenemos con la deuda pendiente de crear un estado sólido y competitivo que promueva el bienestar en cada jirón patrio. 

No hay mejor protección que la construcción de un modelo de país que sea capaz no solo de repeler los apetitos usurpadores de otros países, sino las incursiones de fuerzas extrañas que comprometen la estabilidad interna y que han cobrado dimensiones multinacionales. En eso también nuestro vecino está mejor pertrechado. Si miramos lo que ocurre en Venezuela, seguramente no existe instancia internacional que no se haya pronunciado y que esté ejerciendo presión para restablecer el sistema democrático. Por primera vez en su existencia, la ONU emitió una declaración destinada a presionar al Gobierno de Nicolás Maduro para aceptar ayuda humanitaria y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se ha declarado partidario incluso de una salida violenta a la crisis. Pese a todo, la democracia no retornará a Venezuela, mientras la propia población no se convierta en el principal artífice de su recuperación y por lo visto, parece estar adormecida en medio de la arremetida dictatorial. En Bolivia todos coinciden que el sistema democrático también está en peligro y eliminar los riesgos es tarea de los propios bolivianos.

En Bolivia todos coinciden que el sistema democrático también está en peligro y eliminar los riesgos es tarea de los propios bolivianos.