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‘Es la economía, estúpido’, sigue vigente
Miradas
Sábado,  13  de Noviembre, 2010

En América Latina, 2010 es un año apasionante en términos electorales. No sólo por el número de comicios (13 procesos electorales) sino porque varios de ellos tuvieron una significación especial: Chile puso fin a 20 años de gobiernos de la Concertación; en Colombia se produjo el fin de la época de Álvaro Uribe y la de Lula da Silva en Brasil, y las legislativas de Venezuela mostraron un importante avance de la oposición frente al chavismo.
El comportamiento del electorado fue pragmático y moderado: eludió opciones radicales y optó por la continuidad que garantizaba estabilidad y progreso económico. Este comportamiento electoral que da preferencia a las opciones de centro (derecha o izquierda) se vio favorecido por el muy buen momento económico que vive América Latina. Si en 2009 la región experimentó una caída del PIB cercana al 2 por ciento, para 2010 se prevé un crecimiento en torno a 5 por ciento y en 2011 entre 4 y 5 por ciento, según los informes de la CEPAL y el FMI.
Los comicios de 2010 deben verse en perspectiva, considerando lo ocurrido en 2009, año que se caracterizó por los siguientes factores:
1) Consolidación del llamado “giro a la izquierda” (reelecciones de Rafael Correa en Ecuador y de Evo Morales en Bolivia, o victorias de José Mujica en Uruguay, Mauricio Funes en El Salvador y de Hugo Chávez en el referéndum).
2) Avance de las alternativas de centroderecha y de centro (Ricardo Martinelli en Panamá y Porfirio Lobo en Honduras), que continuó en 2010 con los triunfos de Sebastián Piñera en Chile, de Juan Manuel Santos en Colombia y de Laura Chinchilla en Costa Rica. Pero generalizar en la región sólo conduce a equívocos como lo demuestra la reciente victoria de Dilma Rousseff, heredera de Lula da Silva y candidata del izquierdista PT, quien se impuso en la segunda vuelta de las elecciones brasileñas.
Si bien en 2010 no hubo reeleccionismo, como se observó en 2009, sí existió continuismo. Los candidatos oficialistas (Juan Manuel Santos en Colombia, Laura Chinchilla en Costa Rica y Dilma Rousseff en Brasil) apoyados por los presidentes en ejercicio (Álvaro Uribe en Colombia, Óscar Arias en Costa Rica y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil) acabaron ganando las presidenciales. Chile fue el único país donde se dio la alternancia en el poder, pues la centroderecha encabezada por Sebastián Piñera volvió al Palacio de la Moneda después de 50 años, poniendo fin a 20 años de gobiernos de la Concertación, coalición de centroizquierda.
En cuanto a tendencias, en 2010 la región pareció inclinarse hacia opciones más de centro: tanto de centroderecha (Piñera en Chile, Santos en Colombia, avance opositor en Venezuela), como de centro (Laura Chinchilla en Costa Rica o el PLD en República Dominicana) y centroizquierda (Dilma Rousseff en Brasil). Así, se detuvo la consolidación del giro a la izquierda de principios de 2009 con las victorias de la centroizquierda (Funes en El Salvador o Mujica en Uruguay), y de la izquierda (reelecciones de Rafael Correa y Evo Morales).
En la mayoría de los casos, estos nuevos gobiernos contarán con mayoría suficiente en los distintos legislativos (Hugo Chávez, Leonel Fernández y Juan Manuel Santos obtuvieron mayorías absolutas), si bien es cierto que Santos lidera una coalición de fuerzas muy heterogénea que controla casi 80 por ciento del Congreso y que Chávez no logró su objetivo de alcanzar los dos tercios de los escaños. En Chile, por el contrario, el Gobierno de Piñera no cuenta con mayoría suficiente y se ha visto obligado a pactar con la Concertación o con grupos minoritarios. Lo mismo sucede con Laura Chinchilla en Costa Rica, que ha tenido que alcanzar acuerdos con el opositor Movimiento Libertario. Rousseff, en Brasil, tendrá una cómoda mayoría, ya que la coalición que la respalda aumentó su representación tanto en el Senado como en el Congreso. En la Cámara Alta le respaldaría 64 por ciento de los senadores y en el Congreso 78 por ciento. Además, contará con el apoyo de 16 de 27 gobernadores.
La inseguridad se ha consolidado como tema central de las elecciones en América Latina. En todos los comicios el tema de la inseguridad marcó las campañas electorales no sólo en países con altos índices de violencia, como Colombia o Venezuela, sino también en Chile y Costa Rica, cuyos índices de inseguridad son los más bajos de la región.
Por último, parecería que en algunos países latinoamericanos se perfila un nuevo fenómeno político (encarnado en Chile por Marco Enríquez-Ominami, en Colombia por Antanas Mockus y en Brasil por Marina Silva) que persigue la renovación del sistema político y rechaza las maquinarias partidistas que tal vez no sepan captar a los nuevos sectores de votantes. Estos nuevos liderazgos se relacionan con un voto de claro corte “juvenil”, urbano, sin adscripción ideológica clara, que se vincula con las nuevas tecnologías y de formación universitaria.
En tanto la buena marcha de la economía en América Latina aportaba pragmatismo y moderación, y ayudaba al continuismo (sin reelección) de la mayoría de los gobiernos que fueron a las urnas, en Estados Unidos el presidente Obama sufría un serio revés en las elecciones de medio período como consecuencia de la crisis económica que aún tiene sin empleo a casi 10% de la población económicamente activa. Como bien ha señalado The New York Times, los estadounidenses han enviado un fuerte mensaje a Obama: no les gusta cómo está haciendo su trabajo y, menos aún, el de los legisladores demócratas. Parece que el mensaje que ayudó a Bill Clinton a ganar la elección de 1992 a George H. W. Bush, “Es la economía, estúpido”, sigue hoy plenamente vigente.

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Daniel Zovatto
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