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Los Estados Unidos del Tercer Mundo
Martes,  25 de Julio, 2017

Algo ha ocurrido. David Remnick en el último número del NEW YORKER (julio 24) dice que las aventuras de la familia Trump recuerdan las de la familia Corleone, la de El Padrino de Coppola y que la reunión de Donald Trump Jr. con los rusos hace que a este se lo compare con el más débil de aquellos sicilianos, con Fredo. Remnick asegura que es una comparación injusta para Fredo.

Dejemos de lado la brutal, asesina, política exterior norteamericana y volvamos, como inmigrantes, a los Estados Unidos de Bill Clinton, años de bonanza, de amabilidad que me hacía escribir entonces que no había tropezado en mi novel estadía con un norteamericano que no se desviviera por ayudarme, por mostrarme cómo sacar boletos para el metropolitano, explicarme dónde quedaba la galería Corcoran y señalarme mis derechos de trabajador. Puede que siga, pero no de manera generalizada como entonces. Ahora hay profusión de banderas, ceños fruncidos, obvio rechazo al español, miradas de soslayo, insultos, agresividad, calumnia.

Cierto que el detonante fue el presidente negro, ni nombrarlo necesito, que comenzó como ejemplo y luego hizo trastabillar los valores que se creían firmes en una sociedad que había pasado por lo peor en cuanto a racismo y discriminación. Un negro mandando excedió los límites. Si bien cincuenta por ciento de la población lucha por preservar aquello, el resto trata de hundirlo en la memoria a través de la intimidación, del bullying hacia las minorías, de la ostentación armada y del uso indiscriminado de falsedades para justificar la “nueva América”.

A pesar de que la base social que entronizó a Trump es trabajadora, de blancos empobrecidos o camino de serlo, sus defensores se cuentan también entre graduados de Harvard y gente de élite que ha visto en este fenómeno la posibilidad de enriquecerse y de perpetuarse en situación de poder. Escuchando a los defensores de Trump, uno puede cerrar los ojos e imaginar que está en Venezuela, que los que hablan no son doctores en leyes sino sindicateros que adoran a Evo Morales. No en vano, fuera del lavado de dinero, los negocios ilícitos, los videos porno que atenazan al presidente norteamericano a las rodillas de Vladimir Putin, el nacionalsocialismo está en abierta campaña de destrucción de esa Norteamérica abierta y, en su momento, generosa.

Bannon, Kushner, Flynn, son nombres de una orgía de barbarie cuyo fin, todavía no se ha especificado pero que es obvio: el secuestro de los Estados Unidos por la familia Trump y sus asociados económicos, los rusos en primera fila, luego los sauditas, los chinos y cualquiera que tenga a bien poner monedas al erario familiar del magnate y al suyo propio.

Donald I, emperador, amenaza de boca afuera a Venezuela, al enloquecido chofer Nicolás Maduro; sin embargo, en el fondo de la olla están los negocios de compra de bonos venezolanos por Goldman Sachs (con muchos de sus ex empleados en el gabinete) a precios super convenientes. Plata que sostiene al dictador en Caracas y que multiplica las ganancias de los banqueros de Wall Street, esos mismos que el presidente atacaba en sus falsas promesas. Como Trump es utilitario a Putin, Maduro lo es a Trump y el círculo vicioso, sangriento, prosigue.

Hace muy poco se nombró al nuevo director de Comunicaciones de la Casa Blanca. El domingo habló por televisión y fue tal exhibición de lameculismo que recordé el oprobio de García Linera, Suxo, Surco, Moldiz, la extensa lista de lambiscones del panorama boliviano. Pensé ¿Qué hace que un tipo rico, graduado de la mejor universidad del mundo haga genuflexiones hacia alguien que intelectualmente no es siquiera igual? No es asunto ideológico. Aquí lo que se ha declarado es una acción de pillaje, de expolio, desmembramiento sin siquiera pensar en las consecuencias. Estados Unidos se preciaba de su alto concepto (errado muchísimas veces) de Patria. Poco había valido en el mercado; bastó un mercachifle traidor para cuestionarlo.

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Claudio-Ferrufino-
Claudio Ferrufino
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