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Editorial
Barbarie política
Lunes,  15 de Agosto, 2011

Construir la democracia requiere no sólo de grandes esfuerzos de carácter institucional-estructural, sino también de tino para encaminar un proceso de largo aliento entre la población, donde los desafíos son, sin duda, de proporciones. A los atávicos culturales se debe sumar la inexcusable experiencia histórica sobre la vivencia en un estado de derecho, elementos que en Bolivia son, sin duda, variopintos y determinantes para el comportamiento de quienes ejercen el momentáneo liderazgo político. Con todo, a casi cuatro décadas de la recuperación de la democracia de manos de los regímenes de fuerza, el país todavía se debate entre un débil estado de derecho y la barbarie política.

Los recientes acontecimientos de Colomi, en el Chapare cochabambino, con duros enfrentamientos entre comunarios en un intento antidemocrático del oficialismo para destituir al ejecutivo edil de la oposición, y más recientemente la toma de la Alcaldía en medio de creciente violencia en Pailón, municipio cruceño, retratan de cuerpo entero el escaso ejercicio de la práctica democrática en la política boliviana por los dirigentes y militantes de los partidos políticos que se disputan espacios de poder. Cuando todo debería resolverse en los escenarios establecidos por ley para debatir los diversos asuntos municipales, se ha recurrido a la amenaza de las turbas y a la presión callejera.

Lo preocupante es que desde las esferas del partido oficialista se maquinan a menudo protestas contra el accionar de los ediles. En Colomi se ha tenido que lamentar un saldo de al menos cien personas heridas, entre ellas funcionarios ediles, víctimas de una violencia que bien pudo ser evitada a través del diálogo democrático entre opositores y oficialistas. En este caso, resulta lamentable constatar que todavía está por verse si las críticas a la gestión del municipio, el Plan Operativo Anual y su cumplimiento, tienen el respaldo y fundamento suficiente para justificar las deplorables acciones reñidas con la ley que se han emprendido. Ha sido evidente que no se han medido las consecuencias.

Las inevitables secuelas de los actos vandálicos dirigidos en contra de la institucionalidad democrática de los municipios en conflicto, tienen que deteriorar, por fuerza, los cimientos de la joven democracia boliviana colocados y defendidos a lo largo de muchos años. Ahora existe el precedente de la toma de los edificios ediles, el atropello a los funcionarios municipales en el intento de destituir autoridades elegidas por el voto popular. ¿Dónde está el respeto a la ley y a los procedimientos que contempla la normatividad de los municipios? Sin duda han dado al traste con ellos.

Para los sucesos de Colomi existen antecedentes en otras partes del país y en diferentes momentos históricos en los últimos años. Pailón es lo más reciente. Todos ofrecen un común denominador: violencia y atropello a la legalidad. En otras palabras, todo indica que está prevaleciendo un creciente desprecio por los viaductos que ofrece la práctica democrática responsable, para dar lugar a las acciones vandálicas y delictivas donde el oficialismo se ha llevado la flor, con el agregado que la oposición intenta seguir el mismo camino. Quizás sea hora de poner freno a las dudosas conductas que nos arrojan al abismo de la barbarie política y reconducir al país hacia la auténtica democracia.

Quizás sea hora de poner freno a las dudosas conductas que nos arrojan al abismo de la barbarie política y reconducir al país hacia la auténtica democracia.

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