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La Pasión del Padre
Buscando la verdad
Miércoles,  22  de Diciembre, 2010

La Navidad evoca la venida del Hijo de Dios al mundo. Y si bien el nacimiento de Jesús de Nazaret se convierte en una ocasión para festejar y dar regalos, pocos reparan en que ese niño nacido hace 2010 años venía destinado desde antes la fundación del mundo para -ya siendo hombre- morir crucificado y resucitar, y a través de ello reconciliar con Dios a todo aquel que confiese a Jesucristo como su Señor y Salvador.

Creyentes y no creyentes han leído libros y visto filmes sobre su cruento sacrificio. Y si bien a lo largo de la historia hubo quienes también sufrieron y murieron por sus ideales, sólo Jesús -el Hijo de Dios- fue Santo pues nunca pecó, murió siendo inocente y lo más importante: ¡resucitó! Y a diferencia de los que están dispuestos a matar por sus creencias, Jesús vino a morir por amor, porque “Dios es amor”.

De la dolorosa “pasión de Cristo” sabemos mucho pero, ¿cuánto de la aterradora “pasión del Padre”? De entender no solo la agonía de Jesús sino también la segunda, nuestra vida debería cambiar. Ahora, reciba en amor, esto que recibí del Señor.

¿Qué haría Ud. si le dijeran que para salvar a un ser querido –su pareja, sus padres, por ejemplo- tuviera que donar su corazón? Probablemente diría que con gusto lo daría, aunque por ello tuviera que morir. ¿Y si le dijeran que necesitan su corazón para salvar a alguien a quien Ud. aprecia menos, lo daría igual? Si el amor de Dios está en Ud., puede que diga que sí. Pero, ¿lo daría si le dicen que es para salvar a su vecino con quien Ud. no se lleva bien? Y si el necesitado fuera alguien a quien Ud. definitivamente no aprecia, ¿lo haría? ¿Y si el que necesita su corazón es quien le ha hecho daño a Ud. o a los suyos? Con seguridad, ha estado pensando: “no, no lo haría”.

Compliquemos un poco más la situación: ¿Qué pasaría si no fuera Ud., sino su hijo quien tuviera que donar su corazón para salvar a ese ser que Ud. quiere mucho, a ese a quien Ud aprecia menos, o tal vez a su insufrible vecino? ¿Estaría de acuerdo que su hijo diera su vida por ellos? Y qué si fuera alguien a quien Ud. detesta, o le hizo daño, ¿dejaría Ud. que su hijo muriera por salvarlos? ¿Puede imaginar cuánto sufriría Ud. si su hijo decidiera hacer tal sacrificio, incluso para salvarlo a Ud., o la vida de alguno de los seres que Ud. ama? Si hasta aquí está impactado, ¡prepárese y abra su corazón a esta revelación! ¿Qué haría si fuera Ud. quien debe decidir que su hijo tenga que dar su vida para salvar a quienes Ud. ama o a gente que le hizo daño? Una cosa es decidir por uno mismo, pero ¿podría Ud. decidir que su hijo muera, así sea por los que lo merezcan? Y si lo hiciera, ¿no desgarraría acaso ello su alma? ¡Esto fue lo que Dios hizo por Ud. y por mí, siendo pecadores! Jesús sufrió lo indecible, el Padre también. ¡Cuán grande sufrimiento, que no pudo soportar el ver a su Hijo colgado desnudo en la cruz, cargando los pecados del mundo! “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, clamó Jesús, quien -despojado de su deidad- pagó a precio de sangre por nuestra maldad.

Si comprendiéramos la dolorosa “pasión de Cristo” así como la “pasión del Padre”, la Navidad tendría otro sentido. No fue el nacimiento lo más importante en la vida de Jesús, sino el por qué de su muerte y su resurrección. Si Dios le amó a Ud. de tal manera, que permitió que Su hijo sufra lo impensable para regalarle la salvación, ¿por qué no recibir en esta Navidad a Jesús como su Señor y Salvador?

*Economista y Gerente General del IBCE

autor : Gary-Antonio--Rodríguez-A.*
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