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De los desafíos de lidiar con visiones de desarrollo
Miércoles,  28 de Marzo, 2018

Alrededor de 2100 millones de personas en todo el mundo carecen de agua potable en sus hogares, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitido en julio de 2017. La cifra, que parece ser un dato más de los muchos que debemos observar, nos deja con ganas de hacer barullo social para expresar nuestro descontento, pero, ¿ante quién?

Los mecanismos tradicionales de los Estados; estipulados para regular y normar que el acceso al agua potable se entienda y se practique como un derecho humano inexcusable; acusan muchas falencias. De hecho, no han logrado hasta el momento ni siquiera reducir este número y menos posibilitar que “la naturaleza pueda estar al servicio del agua”, como propugna la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Cada 22 de marzo nos rasgamos las vestiduras para recordar el día del agua. Este año, en particular, hicimos más aspavientos porque ese mismo día se dio inicio al denominado Decenio Internacional para la acción, “Agua para el Desarrollo Sostenible”, que implica pensar el agua como algo vital para alcanzar niveles de desarrollo que no pongan en riesgo a la naturaleza y, por supuesto, al propio recurso agua.

Lo que la Asamblea de la ONU pretende con esta iniciativa es ofrecer una nueva oportunidad para que la comunidad internacional retome su acción a favor de mirar el agua como un recurso perecible y desterrar prácticas ineficientes a nivel de su gestión y abastecimiento, que terminan en pérdidas dramáticas y sin considerar, además, el alarmante número de personas que no tienen acceso a ella, en pleno siglo XXI, donde la población crece como una marea incontenible. 

En este marco, el lanzamiento formal de este Decenio del Agua (2018-2028), en su versión segunda, se muestra como una oportunidad importante para unos; imprescindible para otros, en la línea de alcanzar que la comunidad internacional reasuma su compromiso frente a los objetivos y metas vinculadas a la gestión y manejo del agua, más allá de brindar la posibilidad de apoyar al seguimiento y revisión del ODS 6, sobre agua limpia y saneamiento.

La ONU ha señalado que la celebración de este año se centra en explorar cómo, la naturaleza, puede ayudarnos a superar los desafíos que plantea el agua en el siglo XXI, en atención a lo que sería “la gran crisis hídrica” que soporta la humanidad. En esta dirección, “las Soluciones Basadas en la Naturaleza (NBS, por sus siglas en inglés)”, plantean utilizar o imitar procesos naturales que nos permitan hacer más eficiente la disponibilidad de agua.

Esto pasaría, por ejemplo, por retener la  humedad del suelo o recarga de aguas subterráneas y, entre otros, restaurar la llanura aluvial y techos verdes, lo que tiene que ver con el cuidado de los bosques, esenciales para una gestión forestal sostenible y, como se ha visto, para evitar el desborde de los ríos que causan derrumbes y mazamorras como la del río Taquiña, en Tiquipaya, que recientemente inundó de barro a toda una población, dejándonos asombrados, pero sin soluciones de fondo.

En otras palabras, el mensaje rutilante que este año lanzaron los organismos internacionales para cuidar el agua y hacer que el planeta construya un manejo sostenible de todos los recursos naturales que tiene a su disposición, fue instar a mirar lo que hace la naturaleza para permitir el ciclo de vida sobre el planeta e imitarlo, en la idea de que se trata de una alternativa natural, no violenta y, además, sostenible. Sin embargo, intuyo que será difícil sino imposible, confrontar esta visión con  los desafíos contemporáneos de desarrollo.

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Vesna-Marinkovic-U.-
Vesna Marinkovic U.
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