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Editorial
Tribuna
Un tema de reflexión para los líderes
Miércoles,  25  de Enero, 2012

E      s posible que la reunión de partidos políticos promovida por el Gobierno pudo haber  obtenido algunos resultados alentadores, en medio de la incertidumbre y el escepticismo que por diferentes razones, sociales, económicas o políticas, se dan en el país, si ella hubiera estado precedida de gestos inequívocos de amplitud democrática por parte del oficialismo como por ejemplo bajar el tono de la confrontación o de subestimación al adversario.

No se trata, empero, de examinar este aspecto, sino más bien de encontrar en la iniciativa gubernamental motivo para referirse a un tema que tiene relación permanente con los regímenes de gobierno: los partidos políticos. Una cuestión de interés general porque  éstos se hallan comprometidos, sea desde el gobierno o desde la oposición, con todo lo que significa manejo de la cosa pública, aunque en nuestro país los partidos políticos, con excepción del que está ahora en el ejercicio del poder, han visto debilitada su influencia en los círculos de opinión ciudadana frente al rol preponderante que ahora tienen otras organizaciones sociales a las que la propia Constitución las sitúa antes que a los partidos políticos como se puede comprobar en el texto del art. 209.

El tema propuesto merecería en realidad un examen de mayor extensión y profundidad porque forma parte de una teoría política no siempre fácil de exponerla en los términos sencillos y breves de un artículo. Basta decir que la participación política, tan diversa, está encauzada principalmente por los partidos, sólo que en nuestro medio atraviesan una crisis de tal naturaleza que han sido sustituidos de alguna manera y por algún tiempo por agrupaciones que sin tener mayores elementos ideológicos pero sí propósitos comunes de carácter práctico, gravitan en el fenómeno político y social.

Claro está que el partido oficial en función de gobierno tiene una razón más que suficiente de gozar, por lo menos circunstancialmente, de mayor vigencia que los sectores políticos de oposición. El panorama, entonces, no entusiasma al ciudadano que prefiere apoyar a otros organismos si compromiso partidista ante la falta de solidez y de perspectiva de los partidos y, sobre todo, ante las posiciones personalistas de sus líderes.

Por otra parte, el amplio abanico de partidos políticos que tenemos en Bolivia representa una crónica dispersión de esfuerzos que hace más difícil encontrar puntos de coincidencia y aleja posibilidades de entendimiento constructivo y a largo plazo que garantice el sistema democrático y el pluralismo. Y ese es un aspecto que deben tomar en cuenta los diferentes  líderes políticos a fin de que en el momento actual atiendan prioritariamente la necesidad de unir esfuerzos, antes que de dispersarlos, dentro del propósito común de precautelar  la democracia como la define y proclama la Carta Democrática Interamericana de modo que no puedan prosperar aquellas intenciones de instaurar un régimen de partido único sustentado por una política de aniquilamiento del adversario, en un país que, como el nuestro, prefiere más bien el pluralismo político de las democracias modernas y que, además, lo proclama nuestra Constitución.
 

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Rene-Baldivieso-
René Baldivieso
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