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 19 de Septiembre de 2018
Editorial
Tribuna
Se acerca el final
Domingo,  6  de Noviembre, 2011

En este mes terminamos el Año Cristiano, o sea el Año Litúrgico y, las lecturas de este y los siguientes domingos nos orientan hacia el final de la historia del mundo y la vuelta de Cristo. Todos los creyentes, los discípulos de Jesús, estamos invitados a esperarlo; mirar al futuro es de sabios.

En estos domingos finales del año litúrgico, se leen tres parábolas del capitulo 25 de San Mateo. Estas tres parábolas tiene una gran unidad, que nos recuerdan la vuelta de Jesucristo, lo hará con majestad y gloria.

La parábola de las jóvenes del cortejo nupcial está tomada de los hechos corrientes de la vida, responde a la costumbre de celebrar las bodas en Israel y nos advierte sobre la necesidad de estar siempre alertas, esperando que el Señor vuelva.

La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría 6,12-16, nos invita a ser sabios. La sabiduría sale a nuestro encuentro. Dios busca a la persona, Dios es la fuente de la Sabiduría y de la felicidad. Para los cristianos la fe y la confianza es lo que da color a su mirada hacia el futuro. Por ello, Pablo no advierte en la segunda lectura 1ª Tesalonicenses 4,13-17, a no estar tristes “como los que están sin esperanza”, pues “si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto Dios los llevará con él”.

Los primeros cristianos de la Iglesia de Tesalónica creían inminente –ahora también hay grupos de cristianos con la misma creencia– la vuelta gloriosa de Jesús. No nos importa mucho si Pablo  creía o no en la inminencia de la vuelta de Jesucristo. Aquí lo importante es el mensaje de paz y confianza que él nos ha dejado. Está claro para los discípulos de Jesús, que el final del mundo o de la muerte no va a ser la última palabra, pues Dios nos ha preparado un lugar junto a él donde viviremos eternamente.

No es importante analizar los detalles de la parábola de las jóvenes integrantes del cortejo de bodas. Lo que importa es la gran lección que nos da Jesús. Las 10 doncellas tendrían que haber estado preparadas para el momento de la llegada del novio.

Todas se durmieron. El sueño es signo de falta de vigilancia. Velar es estar preparados, vigilantes, despiertos. El cielo tiene muchas personas que pecaron, pero que supieron superar el pecado, se levantaron. En la parábola no hay el menor signo de reproche porque se durmieron. Habían cinco que a pesar de haberse dormido estaban preparadas, tenían aceite en sus lámparas. Lo que importó es que tenían reservas de aceite.

Hay que vivir vigilantes no solo en relación al final del mundo, sino a nuestra propia muerte y a todos los momentos de encuentro con Cristo que se van dando en nuestra vida. Si vivimos vigilantes podemos aprovechar muchas ocasiones propicias para ir madurando en la fe y, por consiguiente, para el encuentro definitivo con el Señor.

Jesús señala y alerta que el amo tarda en llegar, el esposo se retrasa, el ladrón no avisa. Por ello, nos advierte “estén preparados, porque el momento que no piensen, vendrá el Hijo del Hombre” (Mt 24,44).

Cristo está interpretando la historia de infidelidad del pueblo de Israel, casi todos se durmieron en el pueblo de Dios. Algunos, sin duda, conservaron una fe viva, vigilante y escucharon la llamada de Jesús al arrepentimiento y a la conversión; estos entraron a la fiesta de bodas. Jesús es el esposo.

Los antiguos nos decían: “todos morimos solos”. Podrán rodearnos y acompañarnos algunas personas con su afecto y oraciones. Pero cada uno debe preparar su propia lámpara. Llegará ese momento en que no va a ser posible pedir a nadie que nos provea de aceite.

El aceite en la vida corriente tiene muchos usos: para cocinar, para curar, para alimentar las lámparas. También el aceite es símbolo de realidades profundas: suavidad, luz, paz, amor, salud...

Al final de la vida, cuando el Señor, Justo Juez, nos llame ante sí se manifestará cuál era ese aceite que teníamos que haber asegurado para nuestra lámpara. Si hemos dado de comer, si hemos visitado al enfermo, si hemos amado. Lo que será necesario es el aceite de las buenas obras, de la fe llena de a amor.

Vigilar no es vivir con miedo. El cristiano no deja de vivir comprometiéndose en la sociedad y en la Iglesia. Ojalá que vivamos los valores eternos, sin dejarnos convencer por tantas cosas que el mundo nos ofrece y que pueden adormecernos.


 

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Jesus-Perez-
Jesus Perez
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