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Miércoles
 19 de Septiembre de 2018
Editorial
El Estado pi?ata
Domingo,  1  de Febrero, 2009
¿Cuál es la función del Estado en la economía? Probablemente esta es una de las preguntas más antiguas en economía y son las respuestas las que siempre varían. ¡Muerte al Estado adiposo! ¡Viva la dieta neoliberal!
¡Refundemos el carro del Estado! Ahora sí llegó el nuevo elixir de la felicidad económica de mano de los recursos naturales, son los eslóganes que cíclicamente se repiten.  Con una esquizofrenia alimentada por los políticos de turno,  el Estado pasa de villano a héroe del desarrollo, o viceversa, en un santiamén.
Es una verdad de Perogrullo que no es posible desarrollo económico y social sin Estado.  Inclusive cuando se aplicaron reformas estructurales que decían que irían hacer desaparecer el Estado se requirió de la intervención de éste. En la actualidad, existe un consenso en admitir que el Estado es un actor central del desarrollo, sin embargo cabe preguntarse: ¿Qué tipo de Estado? ¿Por qué ciertos países tienen Estados piñata, donde ciertas burocracias cleptómanas y elites rentistas juegan a darle con un palo a la espera de regalitos de toda especie, en cuanto otros poseen Estados eficientes que impulsan la iniciativa privada y promueven el desarrollo integral de la sociedad? O de una manera más concreta, ¿por qué en Bolivia el Estado fue y aún lo es en ciertos casos, la Cueva de Alí Babá y los cuarenta compañeritos, salvo honrosas excepciones, y en Japón, se creó una burocracia eficiente que impulsó el crecimiento económico y social?
Peter Evans en su excelente libro Embedded Autonomy (Autonomía enraizada) ensaya algunas respuestas al anterior dilema desde una perspectiva histórica, que creo pueden ser muy útiles ahora que se ha puesto de moda electoral hablar del Estado.
Los estados piñata surgen en sociedades donde se establece una dinámica perversa entre los funcionarios estatales, los partidos políticos, corporaciones sociales y las elites privadas. Todos sobreviven gracias al uso indiscriminado de recursos del sector público. Subsidios, préstamos, empleos, distribución de rentas de recursos naturales, contrataciones abusivas, evasión de impuestos  o provisión de servicios son los regalitos que se traducen en rentas improductivas. La apropiación de rentas públicas (rent seeking), que es una manera elegante de llamar a la corrupción en los medios académicos, erosiona el crecimiento e impide el desarrollo.
El caso boliviano, no obstante todos los cambios institucionales de los últimos años, es el típico ejemplo de Estado predatorio que analizó Evans.
El sector público se convirtió en el centro de acumulación de riqueza. Este tipo de organización estatal es disfuncional al desarrollo de cualquier sistema de  mercado. Las redes de conexión entre el Estado y la sociedad están exclusivamente diseñados para la prebenda y el asalto. Este es el tipo de Estado que ahora se pretende substituir por uno más virtuoso. Es decir, el Estado desarrollista, aquel que permite una vinculación positiva entre una burocracia eficiente y los actores privados del desarrollo, es decir entre el mercado y las acciones gubernamentales.
El ejemplo que analiza Evans es Japón, donde diversas reparticiones públicas como el MITI (Ministerio de Comercio Internacional e Industria), tuvieron un papel determinante en el proceso de industrialización y crecimiento de la economía japonesa en los años setenta.
El MITI fue la mayor concentración de talentos en Japón a partir de la cual se crearon redes informales sanas, internas y externas, entre una burocracia altamente competente y un sector privado moderno. Estos vínculos virtuosos, que muchas veces se originaban en amistades de ex condiscípulos de prestigiosas universidades que habían acogido a los ahora exitosos funcionarios del gobierno y gerentes privados, provocaron una complementariedad eficiente entre la acción pública y privada. De esta sintonía entre Estado y mercado nace el concepto de autonomía enraizada que es una de las características claves para explicar el éxito de la industrialización reciente del Asia.
Según Evans, las conexiones no clientelares (enraizamiento) entre la sociedad y el Estado en Japón permitieron que las políticas públicas efectivas. Pero al mismo tiempo la autonomía relativa del Estado lo protegió de una posible captura por grupos de interés. El notable desarrollo económico de Japón fue resultado de un proyecto de industrialización compartido entre un aparato burocrático muy especializado y competente, y una serie relativamente bien organizada de actores privados capaces de actuar con inteligencia y forma descentralizada.
El desafío de Bolivia está, guardando las distancias históricas y respetando sus especificidades, en disminuir la lógica de la cleptómana que ha dominado la acción del Estado nacional en el pasado, y que ahora aún continúa en algunas reparticiones del sector público, y buscar crear las condiciones para que cree un nuevo tipo de sinergia entre el sector privado y público. Lamentablemente, ni en la nueva Constitución ni en las actitudes de los nuevos dueños del poder se ve una vacuna contra el síndrome del Estado piñata que fue tan generoso con los políticos tradicionales y que ahora se prepara para congraciarse con los grupos corporativos.
autor : Gonzalo-Ch?vez-?-chavezbol@hotmail.com
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