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 17 de Noviembre de 2018
Editorial
Buscando la Verdad
Con los alimentos no se juega
Martes,  19 de Abril, 2011

Que Cochabamba fue el “granero de Bolivia”, lo aprendimos en el colegio. Que su producción de maíz, trigo, frutas, verduras, leche, etc., alcanzaba para sí y para el mercado boliviano, también. Lo triste lo estudiamos luego: cómo la Reforma Agraria de los '50, queriendo democratizar el acceso a la tierra en Bolivia, tuvo un éxito político —dotando tierras ajenas— pero un pésimo resultado económico.

La confiscación de haciendas para acabar con el “latifundio” destrozó el sistema de producción cochabambino, convirtiendo un verdadero vergel, en muchísimos “minifundios” improductivos. Hoy, Cochabamba no es más la célebre productora de antes. Cedió su sitial a Santa Cruz, que le sacó ventaja en casi todo el espectro agroalimentario. Que Santa Cruz lidere la producción de arroz, maíz, trigo, soya, girasol, frejol, etc., vaya y pase, pero que sea ¡el primer productor de papa del país! dice muy bien del modo de producción cruceño. No sólo los lugareños o los extranjeros que trajeron tecnología producen y triunfan en Santa Cruz, sino también los exitosos migrantes de todo el país que labran la tierra cruceña y que ayudaron a convertirlo en el proveedor natural de alimentos para Bolivia. Sin embargo, hay negros nubarrones en el horizonte.

Al igual que la entusiasta ala redistribuidora de tierras de la Reforma Agraria, que no tuvo mejor idea que fragmentar las propiedades agrarias medianas y grandes para otorgarla a los trabajadores de las haciendas productivas, o repartirla entre las comunidades, este mismo peligro se cierne hoy sobre el “nuevo granero boliviano”, como le escuchara decir al ex viceministro de Tierras y especialista en Derecho Agrario, Dr. Luis Fernando Asturizaga.

La actividad agropecuaria extensiva en Santa Cruz evitó la fragmentación de la tierra “reconociendo y valorando la iniciativa y la inversión privada y —algo fundamental— estableciendo la propiedad individual y los medios modernos de producción, como la maquinaria y la tecnología”, dice el experto. Empero, las señales que se perciben —la forzada dotación de tierras y el avasallamiento— amenazan la producción a escala y su orientación industrial-comercial.

Y es que, desde la Reforma Agraria, las políticas estatales para el agro fracasaron. Hoy también se enajena tierras por “no cumplir la función económica y social”, se las cede a comunidades, se les da maquinaria, pero al final del día el “comunitarismo” y la falta de orientación al mercado lo echan a perder todo.

No sólo falla el plan de dotación —como a la TCO de Alto Parapetí, con 15.000 hectáreas confiscadas para 500 familias de las que sólo hay 30 viviendo en malas condiciones— sino que la tónica redistributive parecería haber cambiado de “la tierra es de quien la trabaja” a “la tierra es de quien la avasalla”.

Y no sólo es el cruceño o el extranjero, el afectado. Un exitoso migrante potosino, don Tomás Juchani, sufre hoy el avasallamiento de su propiedad por “4 Cañadas”. Impotente, vio cómo 200 personas quemaron uno de sus campamentos para convertirlo en una “canchita de fútbol”, para su relax. El INRA no los desaloja, y lo mismo pasa con otros propietarios.

Si los errores redistributivos se repiten o se impone la lógica de la fuerza, puede repetirse lo de Cochabamba. Y si el abastecimiento de alimentos corre riesgo, las autoridades deberían actuar, por su propio bien. Ya se sabe lo que pasa en las calles cuando los alimentos faltan, o cuando éstos suben de precio.

Gary Rodríguez es economista y gerente general del IBCE

 

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Gary Antonio Rodriguez
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