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Editorial
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La hora de la verdad
Lunes,  4 de Abril, 2011

La necesidad de habilitar camas adicionales en los principales centros hospitalarios de la ciudad para atender el creciente número de pacientes afectados por dengue, ha puesto de manifiesto la gravedad de la nueva epidemia de esta enfermedad transmitida por el mosquito Aedes Aegypti. De acuerdo a las informaciones de las autoridades sanitarias, la letalidad del dengue en este nuevo brote epidémico puede alcanzar cifras preocupantes si no se actúa con responsabilidad y rapidez para eliminar oportunamente los actuales criaderos y, por lógica, los potenciales que se perfilan ante la dejadez de la gente. La ciudadanía no ha actuado hasta ahora como la delicada situación amerita.
 
Si bien es cierto que la temporada de lluvias ha sido propicia para la proliferación de los mosquitos al multiplicarse los criaderos, las campañas de recogida de desechos desde los domicilios emprendida por las autoridades sanitarias y ediles en los diferentes barrios ha evidenciado que la gente no se ha preocupado de liberar sus propios domicilios del insecto transmisor de la enfermedad. En este punto, conviene recordar a los dirigentes vecinales que su obligación primordial es velar por el bienestar y salud del barrio, organizando grupos de vecinos para obligar a los renuentes a limpiar los patios de sus casas, mientras que otros se ocupan de la limpieza de las plazas y parques.
 
La participación ciudadana en el cuidado de la salud y la prevención y control de las enfermedades deviene en un imperativo proclamado desde la Organización Mundial de la Salud, para aplicar la estrategia de la “salud para todos”. Desde la década de los años ochenta los gobiernos miembros de la OMS están comprometidos a la implementación de programas de salud cuyo componente básico es la participación comunitaria, de la gente. Sin esa participación consciente y militante de hombres y mujeres, el cuidado de la salud y la lucha contra las enfermedades se convierte en retórica inútil y vacía.
 
Se trata en todo caso, de una cuestión de liderazgo bien entendido. Mientras los líderes vecinales esperen todo de las autoridades sin motivar a los vecinos a asumir su propia responsabilidad, es más que probable que se consigan escasos logros, se dupliquen esfuerzos y se derrochen recursos que de otra manera podían ser bien aprovechados. En estos momentos, las autoridades de salud departamentales están ofreciendo soluciones coyunturales ante la insuficiente respuesta de la ciudadanía a la epidemia del dengue. Si se mira bien, ha llegado la hora de la verdad para la gente, de modo que ya no le quedan alternativas ni pretextos. O la gente asume el cuidado de su salud o todo empeorará.
 
Es hora que se comprenda que las fumigaciones son caras y sólo eficaces frente a los mosquitos adultos. El verdadero problema son los criaderos, el agua estancada en llantas viejas, botellas al aire libre, vasijas rotas, malezas crecidas, canaletas en mal estado, charcos de agua sin drenar. Es hora que se sepa y los medios de comunicación tienen esa urgente misión, que los esfuerzos de las autoridades ediles y sanitarias no serán nunca suficientes sin el apoyo de la ciudadanía movilizada. Es hora que el liderazgo vecinal deje de una vez la ruta de la politiquería que la enfrenta y desmoviliza, para emprender el camino de su auténtica misión: alentar el cuidado de su propia salud.

Es hora que el liderazgo vecinal emprenda el camino de su auténtica misión: alentar el cuidado de su propia salud.

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