Siguenos en:
Sábado
 17 de Noviembre de 2018
Editorial
El tacú de papel
Los dueños del mar
Lunes,  28 de Marzo, 2011

Los que saben, se preguntan todavía por qué este planeta que llamamos Tierra no se llama Océano una vez que está compuesto de tres cuartas partes de agua y una sola cuarta parte de tierra. La tierra es verde, dicen y el agua azul. Claro que todo se debe a la atmósfera y por eso desde el espacio sideral los astronautas le han puesto el nombre de Planeta Azul. Las sagradas escrituras señalan que en el principio eran las aguas y luego se formaron las tierras. Además, es cosa sabida que la vida ha surgido desde el profundo seno del océano. Tal como se acepta que el hombre ha surgido desde el corazón del continente africano, se acepta que la vida ha nacido pletórica en el mar.
 
Me cuenta un amigo que un día la más pequeña de las hijas se le vino para decirle de sopetón: “Papá, hablame del mar”. Casi tartamudeando –me dijo- y sin saber por dónde empezar, le expliqué que el mar era la inmensidad del agua que rodea a las porciones de tierra donde vivimos. Concluí –me confesó- que hablaba como de algo ajeno, porque como vos, soy boliviano y vos sabés, Bolivia no tiene mar. Que me hablen de los ríos señor, que eso lo sé, o de los lagos. Pero del mar, no. El mar es como una joya que has perdido, y resulta muy difícil que te la vayan a devolver. Después, la niña quiso saber si el mar tiene dueño. Y ahí, te cuento, puse fin al cuento y la convencí de irse a jugar.
 
Después del relato del amigo, se presentó de pronto ante mis ojos esa inmensa imagen del océano bravío azotando con sus enormes olas la costa desamparada. Recordé a Julio Verne y su relato fantasmagórico de aquellas “Veinte mil leguas de viaje submarino”, donde aprendí oceanografía básica, fauna marina y nuevos mundos. Supe entonces que los ríos submarinos son corrientes tumultuosas de vida y enormes cajas de Pandora acuáticas. Vinieron a mi mente los arriesgados viajes de temerarios marinos en busca de otras costas, hasta llegar a la tierra del fin del mundo para abrazar alborozados lo desconocido, ebrios de sorpresa y mudos ante la belleza y misterio de las cosas nuevas.
 
El mar tiene dueños, me dije. Y la niña tenía mucha razón en querer saber, porque es fundamental saberlo. Sabiendo quiénes son los dueños del mar, se sabe quiénes son los dueños de la tierra. Y ahí es donde surge nuestro poeta Oscar Alfaro con sus versos: “¿Quién es el que pone linderos al aire? ¿Y quién se hace dueño del agua y del río? Y como no hay dueños pal aire ni l'agua ¡Tampoco hay patrones pal suelo que piso!..” Pero no. Los océanos tienen dueños. No hablo de las ballenas ni del gran tiburón blanco. Tampoco de los piratas y corsarios que escribieron parte de la historia económica de la humanidad. Los piratas, que alimentaron a los banqueros de entonces.
 
Hoy se habla de océanos rojos y de océanos azules. Y que quede claro que son términos económicos que manejan los bancos, donde los océanos rojos son sectores industriales que compiten entre sí por cada vez menos rentabilidad. Es el caso boliviano, dicen, donde el sector bancario navega en un profundo océano rojo. Señalan rumbo a los océanos azules, donde hay que reducir costos y crear valor, lo cual es un desafío enorme para el sector. Eliminar excesiva burocracia, requisitos y formalidad; reducir procedimientos burocráticos, tiempos de atención, niveles y montos de inversión; incrementar mejores posibilidades, facilidades y prestación de servicios; crear atractivos en el sector financiero y nuevas políticas de operación. Los dueños de los nuevos océanos navegan en las aguas profundas de un sistema que sigue creando abismos.

Acerca del autor:
Fernando-Luis--Arancibia-Ulloa-
Fernando Luis Arancibia Ulloa
Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día