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Editorial
Es un reclamo…
Entre Paréntesis
Domingo,  4 de Julio, 2010

Cayetano Llobet T. - Soy uno de los muchos que suspiraba por la revolución cubana. Soy uno de los muchos latinoamericanos que, estudiando en Europa, se quemaba las pestañas en torno a los seminarios de Althusser, descifrando la revolución teórica de Marx, afinando el instrumento que nos permitiría cambiar el mundo para llegar a esa sociedad socialista con la que soñábamos.
Soy uno de esos “rojos”, de los derrotados del 71, frente a fuerzas que planearon para el continente el freno a nuestro sueño. Banzer, en Bolivia, como otros en toda la región convirtió las ilusiones en cárceles y exilios. Soy uno de los bolivianos que escapó de Chile cuando golpeó Pinochet. Uno más de los que no tenían documentos porque Banzer ordenó que no se nos entregara pasaporte. Y tuve más suerte que otros: Jorge Ríos Dalenz quedó en el estadio cocinado a tiros y otro compañero de trabajo en FLACSO, José Serra, hoy candidato a la presidencia de Brasil, fue hecho prisionero en el aeropuerto de Santiago.
Soy uno de los que pasó por encima del cuerpo acribillado de Marcelo Quiroga Santa Cruz en la Central Obrera Boliviana. Uno de los que estuvo con la cara pegada al estiércol en las caballerizas del Estado Mayor, en la pútridas celdas de la Dirección de Orden Político ( la DOP ) aguantando las visitas de los militares argentinos  (era su programa de intercambio con García Meza), y en el campo de concentración de Puerto Cavinas, en el Beni.
Tengo dos hijos (los mayores) a los que nunca pude explicar razonablemente por qué la revolución era más importante que ellos y que eran parte del sacrificio  para construir el socialismo. ¿Cuántos años habrán sido en una vida los que suman los exilios, la cárcel, las humillaciones y las inseguridades? ¿La mitad de mi vida?
Y hoy me cuentan que el país más pobre de Sudamérica, el mío, tiene que enviar arroz para que coman algo los hijos y los nietos de esa revolución cubana con la que soñamos. Y me cuentan que ha tenido que morir Orlando Zapata, porque cometió el crimen de la disidencia. Y que hay otro, Guillermo Fariñas, que está entregando su vida a cambio de la libertad de otros que piensan diferente del régimen que, ciertamente, no es el que nosotros soñamos. Choquehuanca, nuestro Canciller, dice que la solidaridad de Cuba “permitió que los bolivianos logren leer y escribir”. Pero me cuentan que en Cuba ya no importa si saben leer: sólo tienen el  Granma, el periódico oficial del gobierno. Y la única reflexión posible es la del propio Fidel que sigue pretendiendo orientar al mundo, sin poder explicar que Cuba nunca pudo salir de su condición de revolución subsidiada.
Pero no es todo eso lo más doloroso y humillante: lo verdaderamente intolerable es que hoy, desde el gobierno boliviano, nos digan que Cuba es el modelo. Lo que pasa es que el gobierno está repleto de farsantes que nunca conocieron ni el abc del marxismo, jamás vivieron la experiencia represiva, que no tienen la menor idea de lo que es salir al amanecer de una casa sin saber si hay vuelta, que jamás tuvieron otro sueño que el simple ejercicio del poder   –el que hoy disfrutan-, que ignoran supinamente que son beneficiarios de la democracia que otros conquistamos,  y que no tienen idea de lo que es la frustración de haber dedicado una vida o gran parte de ella, a lo que hoy es el fracaso confesado.
¡Un plato de arroz donado por los pobres para que coman los hijos de cincuenta años de socialismo!
Es un reclamo. Es mi reclamo…  ¿a quién?

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Cayetano Llobet
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