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Editorial
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Economía sin barbijo
Miércoles,  2 de Septiembre, 2020
Economia-sin-barbijo

La pandemia nos ha enseñado a valorar algunos aspectos de la vida que antes pasábamos de soslayo. El más significativo, sin duda alguna, es la salud y cualquiera se da cuenta del cambio radical que ha provocado el miedo, con sólo ver cuánto estamos dispuestos a pagar por mantenernos sanos y a salvo de una amenaza tan fuerte como el Coronavirus.

Recordemos cuando empezó la pesadilla del Covid-19, cuánto pagaba la gente por un barbijo, por un litro de alcohol o por un par de guantes. Es verdad que surgieron los aprovechadores, pero su “cuarto de hora” les duró muy poco, apenas unos días, pues enseguida aparecieron miles de ofertas de tapabocas, las fábricas comenzaron a producir grandes cantidades de desinfectante y el hecho es que hoy los precios de todos esos productos han caído a niveles anteriores a la cuarentena, se venden en cada esquina, han generado cuantiosas fuentes de trabajo, además de haber ayudado a derrochar creatividad e innovación a manos llenas.

Del otro lado, el espectáculo que nos ha brindado el sector público ha sido desolador. Carencias, desorganización, corrupción y una ineficiencia que ha provocado mucho dolor y muerte. Después de meses de padecimientos, los burócratas no se ponen de acuerdo, no saben hacia dónde ir y para cuando llegue la vacuna, que no la producirá ningún gobierno ni ningún sistema político, sino una compañía privada que actúa de acuerdo a la libre competencia, los gobernantes seguirán a tientas en busca de la receta mágica. 

Menos mal que nadie le dio importancia a la cantaleta del control de precios y otras pamplinas socialistas que surgieron en la desesperación, porque el remedio hubiera sido peor que la enfermedad. En un contexto de economía planificada, el Estado hubiera asumido la responsabilidad de entregar gratuitamente alcohol y barbijos (y mucho más). Seguramente hoy estaríamos esperanto las dichosas mascarillas, las mismas que vendrían con sobreprecio y de muy mala calidad. Obviamente, la gente no sabe que todo ese costo lo paga el mismo ciudadano, de ahí que reniega por el que empresario que lucra con su negocio, pero apoya al demagogo que promete dar todo gratis y termina robando hasta la esperanza.

Si no hubiera tantas regulaciones y tanta bobería socialista instaladas en nuestras leyes, en el gobierno y en nuestras mentes, estaríamos dispuestos a ver la realidad que nos golpea la vista. Demás es proponer un incremento en el presupuesto de salud, si vamos a mantener el esquema espurio que maneja las cosas, sea cual fuere el que asuma la administración del estado boliviano. Lo mismo pasa con la educación. Bolivia aumentó el gasto a niveles aparentemente aceptables, pero la formación en nuestro país sigue siendo pésima. Así como hemos aprendido a darle valor a esos dos aspectos, ojalá que entendamos también cuál es el camino que hay que tomar.

Demás es proponer un incremento en el presupuesto de salud, si vamos a mantener el esquema espurio que maneja las cosas, sea cual fuere el que asuma la administración del estado boliviano. Lo mismo pasa con la educación. Bolivia aumentó el gasto a niveles aparentemente aceptables, pero la formación en nuestro país sigue siendo pésima

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