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Editorial
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Vicios de un estado socialista
Domingo,  24 de Mayo, 2020
Vicios-de-un-estado-socialista

Aunque el discurso diga otra cosa, debemos admitir que Bolivia tiene un estado socialista y no es porque el régimen de Evo Morales lo haya diseñado así. Heredamos de los españoles un sistema de administración altamente concentrado, autoritario, burocrático y elefantiásico y en 195 años nadie lo ha alterado, ni siquiera Gonzalo Sánchez de Lozada, cuyas reformas liberales apenas alcanzaron las relaciones comerciales y laborales, pero no tocaron la estructura administrativa del país, perfilada para la corrupción, la ineficiencia y el despilfarro.

Al menos durante la colonia había la excusa de que los principales responsables del Gobierno estaban del otro lado del océano y no disponían de redes sociales para enterarse de lo que sucedía en el continente. Los barcos que llevaban el oro y la plata hasta la península ibérica frecuentemente eran atacados por piratas y en la actualidad los corsarios actúan en las narices de los ministros, en el mismo edificio, pues hoy el Estado es mucho más grande, las acciones de los funcionarios son difíciles de rastrear y los gobernantes tienen demasiados asuntos bajo su responsabilidad. No podría ser de otra manera, pues vivimos en uno de los países más centralistas del mundo, donde el Gobierno Central controla casi el 90 por ciento de los recursos.

Este impresionante monopolio de poder y de dinero constituye un botín muy apetecido y necesita protección, de ahí que la mayor parte del presupuesto boliviano se va en militares y policías, cuya dedicación casi exclusiva es proteger al gobernante de turno. Lo hacen mientras la gente aguante la corrupción, la falta de atención a sus problemas y las malas condiciones económicas, pero dan un paso al costado cuando el régimen se desgasta y viene otro con la falsa promesa de cambiar el país, hecho imposible con el modelo de estado que tenemos.

Por un momento dejemos de lado los juicios morales y legales alrededor del escándalo de los respiradores y preguntémonos qué hubiera pasado si una clínica privada hubiese tenido que comprar dos o tres de esos aparatos. Si fuera por economía de escala estamos seguros de que 170 saldrían más baratos, pero no hay duda que la intervención personal del dueño, la negociación directa (que hoy es muy fácil gracias a las tecnologías de comunicación) y la eliminación de los intermediarios, impiden un despropósito como el que hemos visto, es decir, la cuadruplicación del precio original. Lo mismo pasaría con un pequeño municipio que debe equipar el único hospital de su jurisdicción. Es muy probable que alguien meta la mano en la lata, pero jamás llegaríamos al extremo observado recientemente en el Ministerio de Salud y en todo el saqueo perpetrado durante 14 años por el estado diseñado por el cocalero, cuya estructura sigue vigente e incluso con las mismas caras, nombres y apellidos.

Alguien podría afirmar que un Estado como el boliviano no es exclusividad del socialismo. Hay socialistas que ni siquiera saben que lo son, porque si se dieran cuenta y fueran coherentes con sus palabras, se encargarían de cambiar. Desafortunadamente a ningún político nacional se escucha hablar del achicamiento del aparato estatal.

Alguien podría afirmar que un Estado como el boliviano no es exclusividad del socialismo. Hay socialistas que ni siquiera saben que lo son, porque si se dieran cuenta y fueran coherentes con sus palabras, se encargarían de cambiar. Desafortunadamente a ningún político nacional se escucha hablar del achicamiento del aparato estatal.