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Editorial
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La mordaza no es la solución
Miércoles,  13 de Mayo, 2020
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En la actualidad existen maquinarias poderosas dedicadas a una suerte de “industria de la desinformación”. Las condiciones no pueden ser mejores para la actuación de esas mafias, las más diestras en el uso de las herramientas y las redes tecnológicas que facilitan la producción y difusión de mentiras a gran escala, en unas dimensiones que dejan en ridículo a la propaganda nazi o a la enajenación cultural de los regímenes comunistas, los aparatos de engaño más grandes que haya conocido la historia.

Esos sujetos no son improvisados, no actúan con espontaneidad, por entretenimiento o motivados por olas de rumores que siempre han existido y que suelen tener las patas muy cortas. Esos son fáciles de pillar, mucho más ahora que medio mundo permanece conectado a la autopista de la información y que conspira favorablemente para detectar a los mentirosos y mal intencionados.

Estamos hablando de corporaciones, gobiernos y organismos que disponen de grandes candidatos de dinero, que cuentan con el apoyo de círculos de poder y la complicidad de élites científicas, mediáticas, académicas, intelectuales y, por supuesto, económicas y políticas, con intereses muy concretos.

El ejemplo más a mano que tenemos los bolivianos es el denominado “proceso de cambio”, una gran mentira que llegó a pronunciarla hasta el Papa Francisco, quien se sumó a la avalancha de mitos construidos por un imaginario en el que estuvieron involucrados líderes de talla mundial, la mismísima ONU, organizaciones ambientalistas, periodistas y medios de enorme prestigio. Quién puede dudar hoy, que todo ese andamiaje de falacias que se valieron del discurso socialista, fue impulsado por una de las industrias más rentables del planeta y que precisamente fue el eje de las políticas llevadas adelante por el cocalero prófugo.

En estos días es muy fácil visualizar los intereses que están detrás del manejo informativo de la pandemia, de las noticias relacionadas con la alocada carrera para dar con la vacuna y el tratamiento de la Covid-19, de los intentos por esconder información acerca del número de contagiados y fallecidos y de los que buscan sacarle rédito político y financiero a la emergencia. La desinformación está trabajando arduamente a la par de numerosas tesis conspiratorias, de las maquinaciones que hacen las dictaduras y los conglomerados económicos que buscan cómo aprovechar la peste para reacomodar el mapa geopolítico mundial.

En Bolivia es también sencillo ver quiénes siguen conspirando contra el país y obviamente continúan usando la confusión para recuperar terreno. Pero el remedio contra ellos no es la mordaza, sino la libertad de expresión, la democracia, la comunicación auténtica, el periodismo independiente, que son sus principales enemigos. Menguar las garantías constitucionales elementales, es hacerle el juego a los que intentaron implantar la dictadura en el país.

En Bolivia es también sencillo ver quiénes siguen conspirando contra el país y obviamente continúan usando la confusión para recuperar terreno. Pero el remedio contra ellos no es la mordaza, sino la libertad de expresión, la democracia, la comunicación auténtica, el periodismo independiente, que son sus principales enemigos. Menguar las garantías constitucionales elementales, es hacerle el juego a los que intentaron implantar la dictadura en el país.