Siguenos en:
Viernes
 7 de Agosto de 2020
Santa Cruz de La Sierra www.booked.net
+23°C
Parcialmente soleado
Editorial
Editorial
El falso debate de los transgénicos
Martes,  12 de Mayo, 2020
El-falso-debate-de-los-transgenicos

El que quiera constatar la majadería que rodea al debate sobre los transgénicos, que venga urgentemente a Bolivia, así no se aburre en estos días de cuarentena, ni tendrá que recurrir a una de esas aplicaciones de internet para coleccionar payasadas. Es más, se hartará con todos los memes que nos está regalando la izquierda, en constante resaca, pero que no pierde la oportunidad de asomar la cabeza cuando surge uno de estos temas en los que puede encontrar algún ingenuo o desinformado que se trague sus falacias.

Es la misma izquierda que no abrió la boca cuando el régimen del cocalero prófugo aprobó el uso de los cultivos transgénicos para producir biocombustibles y paliar la escasez de gasolina y diésel provocada por la destrucción de la industria gasífera derivada de la “sacrosanta” nacionalización y el saqueo de YPFB avalados por esos mismos revolucionarios.

Son los mismos que jamás criticaron la aprobación de un decreto que autorizó la quema de bosques en los departamentos de Santa Cruz y Beni y fue el detonante de los impresionantes incendios de la Chiquitania que destruyeron millones de hectáreas de un patrimonio natural irrecuperable.

Gracias a la facilidad con la que se pueden realizar encuentros, paneles y debates en estas épocas de confinamiento, hemos sido testigos de los argumentos expuestos por los que se hacen llamar los gurús de la militancia contra los transgénicos y la decepción ha sido muy grande. Ellos no saben, por ejemplo, que la mutación genética es un proceso natural que viene dándose hace miles de años y que los avances de la ciencia no han hecho más que acelerar a través de procedimientos de laboratorio.

Ninguno de esos que se hacen llamar expertos, ha podido exponer ni una sola prueba de los daños causados a la salud por la soya, el trigo o el maíz transgénico y se limitan a señalar las consecuencias negativas que surgen por la mala aplicación de las innovaciones, lo que equivale a oponerse al uso del martillo porque también puede ser usado para matar a golpes a una persona.

Dicen que los transgénicos vienen acompañados de un paquete que incluye el uso de agroquímicos, cuando la razón de ser de la biotecnología es precisamente dar con semillas y cultivos más resistentes a las plagas, menos vulnerables a la sequía y que además impliquen un menor uso de plaguicidas que además de incrementar los costos (y también los precios de los alimentos), pueden acarrear problemas a los consumidores, que es precisamente lo que ocurre con la agricultura tradicional que, para colmo, tiene menos rendimientos.

Por último, los activistas anti transgénicos se quedan sin habla cuando se les pide que muestren la gran cantidad de niños deformes, las personas afectadas con graves mutaciones genéticas o cualquier anomalía resultante del uso de transgénicos en Argentina, Paraguay o Brasil, donde llevan décadas usando ese material. Lo más práctico sería mostrar esos supuestos daños en Bolivia, donde es generalizado el consumo de harina de trigo, derivados del maíz y cientos de alimentos importados que son elaborados con transgénicos.

Ninguno de esos que se hacen llamar expertos, ha podido exponer ni una sola prueba de los daños causados a la salud por la soya, el trigo o el maíz transgénico y se limitan a señalar las consecuencias negativas que surgen por la mala aplicación de las innovaciones, lo que equivale a oponerse al uso del martillo porque también puede ser usado para matar a golpes a una persona.