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 22 de Octubre de 2019
Editorial
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Soya: una cadena que puede romperse
Viernes,  7 de Junio, 2019
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La cadena productiva de la soya es una de las pocas que existen en Bolivia, junto con la caña de azúcar.

Existen otras, pero son incipientes, inestables y poco prometedoras y ni siquiera el futuro del gas está claro, pese a todo el discurso y las millonadas que  se han invertido en la industrialización.

Hasta el inicio de este periodo negro para los negocios, la empresa y los empleos, el maíz también tenía un buen porvenir, pero el Gobierno se encargó de destruir esta actividad con sus prohibiciones, con restricciones, controles de precios y la perniciosa intervención de la Emapa. Estos factores aniquilaron un ciclo positivo que atravesaba este cereal y en consecuencia, se impidió la capitalización de los agricultores y el incremento de las inversiones.

Cuando algunas autoridades se preguntan por qué el productor no invierte más, debería revisar las desastrosas políticas aplicadas en el campo y la agroindustria, que se sumaron a todas las medidas demagógicas relacionadas con la tierra, el trabajo y el tema forestal.

Lo mismo podría pasar con la soya y toda la cadena productiva, de continuar la asfixia que se mantiene por más de una década en este sector. Si no ha ocurrido es porque se trata de una actividad sólida, con una industria que se ha ocupado de abrir mercados en distintas partes del mundo, que trabaja con calidad y competitividad y que ha conseguido sortear las graves desventajas existentes en el transporte.

Se creía que con la apertura hacia los transgénicos y a la producción de biodiesel, el Gobierno daría el paso siguiente hacia la liberación total de las exportaciones, es decir, no sólo al grano de soya, sino a sus derivados, tomando en cuenta que el volumen total de la producción es altamente suficiente para abastecer el mercado interno.

Además de las restricciones al comercio exterior, la industria soyera debe soportar imposiciones gubernamentales para el subsidio a los avicultores, una carga económica demasiado pesada que la soportan los privados a nombre de los “precios justos” que el régimen trata de sostener a rajatablas, sin contemplar que se trata de una erosión lenta y progresiva que amenaza con dejarnos “sin la soga y sin la cabra”.

El colmo del abuso y del atentado contra este sector, el más importante del sector agropecuario con un inmenso aporte al empleo, las exportaciones y el ingreso de divisas, será imponer un “precio político” al grano de soya que no esté acorde a las fluctuaciones internacionales que son las que permiten tanto a los productores como a los industriales adaptarse al mercado y actuar en condiciones reales.

Como decíamos al principio, el ciclo de los hidrocarburos está en decadencia en Bolivia por culpa los factores externos, pero especialmente por la debilidad del Estado en el manejo de este negocio. La mejor alternativa es apostar por el campo y la agroindustria, pero ésta debe ser en términos mucho más abiertos y libres de restricciones.

El colmo del abuso y del atentado contra este sector, el más importante del sector agropecuario con un inmenso aporte al empleo, las exportaciones y el ingreso de divisas, será imponer un “precio político” al grano de soya que no esté acorde a las fluctuaciones internacionales.