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Editorial
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Lo que olvidamos y toleramos
Miércoles,  5 de Junio, 2019
Lo-que-olvidamos-y-toleramos

La consolidación de la cuarta postulación de Evo Morales no es el resultado de un dictamen judicial, de la connivencia del Tribunal Supremo Electoral ni de ninguna otra determinación jurídica o resorte institucional.

Esos han sido simples trámites burocráticos impulsados por el oficialismo, conocedor de la conducta y la actitud de la ciudadanía que viene resignada hace ya varios años.

Esa pasividad es el resultado del convencimiento de que en Bolivia jamás pasará lo mismo que en Venezuela; que por mucho menos, las masas de alteños, de campesinos, mineros y otros sectores se movilizarán y provocarán otro “octubre negro” que obligará a los militares a replegarse y a las autoridades políticas a tomar los helicópteros y los aviones para iniciar la retirada. 

Eso lo dicen connotados analistas y obviamente lo repite la gente de a pie y por eso el Gobierno sigue su camino atropellando leyes, abusando de su poder y riéndose de los procedimientos democráticos. La comunidad internacional percibe esa desidia, sigue pendiente de la macroeconomía, de algunos signos de estabilidad y ahí lo tenemos a Almagro, echándole agua bendita al caudillo para que siga, tal vez seguro de que lo tiene bajo control y que no hay riesgo de que tome el camino de Nicolás Maduro, sátrapa que precisamente heredó un régimen que hasta no hace mucho desbordaba de buena salud gracias a los petrodólares. El desmoronamiento venezolano sobrevino en medio de la indiferencia internacional, de la complacencia interna y de la misma tibieza de la oposición que impera hoy en Bolivia. 

¿De donde viene esta indolencia ciudadana? Pues de la misma idea de que Bolivia es ingobernable, rebelde y que La Paz, por ejemplo, es la “tumba de los tiranos”. Esa conclusión ha introducido en el ADN nacional el culto al caudillismo, el convencimiento de que solo un régimen fuerte es capaz de mantener el orden y la cohesión.

Olvidamos muy rápido lo que ha ocurrido en el pasado con esos grandes líderes que asumieron al misión de transformar el país y que no hicieron más que reproducir su realidad de fracasos, de pobreza y de desilusiones.

Olvidamos que la candidatura a las elecciones del 20 de octubre no es el primer acto grave de violación a la Constitución que comete el presidente Morales, quien no solo cambió las reglas del juego para beneficiarse de la reelección, sino que reincidió en dos ocasiones a través de las denominadas “estrategias envolventes” que él mismo admitió en medio de las burlas. Recordemos la forma cómo se aprobó la Carta Magna, las trampas que se usaron para el Referéndum Revocatorio; si hasta la propia consulta del 21F fue un acto amañado que no correspondía y que el Gobierno llevó adelante convencido de obtener un resultado positivo.

Ni siquiera quiso respetar su propio invento, tras el cual inventaron las elecciones primarias y lo que se espera también puede ser materia del surrealismo político, al que el ciudadano y los opositores parecen acostumbrados. 

Olvidamos que la candidatura a las elecciones del 20 de octubre no es el primer acto grave de violación a la Constitución que comete el presidente Morales, quien no solo cambió las reglas del juego para beneficiarse de la reelección, sino que reincidió en dos ocasiones a través de las denominadas “estrategias envolventes”.