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Editorial
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La polémica está servida
Lunes,  3 de Junio, 2019
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El presidente Evo Morales ha propuesto -en la reciente inauguración de la Novena Cumbre Nacional de Seguridad Ciudadana- “desmilitarizar” la Policía Boliviana como una opción válida para combatir no solo la corrupción institucional, sino también el progresivo deterioro de la imagen del organismo del orden. El Mandatario ha señalado incluso que la inseguridad ciudadana viene de los grandes delitos como el narcotráfico y el contrabando, a la sazón dos fuentes de irregularidades que han colocado a la Policía Nacional en el centro del descrédito por las conexiones de mandos jerárquicos y medios con estas actividades ilícitas. Si se mira bien, la polémica está servida. Surgirán sectores en apoyo a la iniciativa, mientras que otras se opondrán.
 
La razón es simple. La propuesta en sí apunta a conducir la reforma policial hacia la mutación de un cuerpo supuestamente represivo a otro cuerpo civil con funciones claramente diferenciales de protección, educación e investigación. Y estas son palabras mayores en el contexto actual. Todavía más, porque no se ha socializado en grado suficiente no solo la conceptualización de la propuesta sino también sus alcances. Por otro lado, está la viabilidad de la misma en las actuales circunstancias y en el plazo inmediato. Lo rescatable de la propuesta es que refleja la enorme preocupación del Gobierno, y de la población en su conjunto, por el rumbo que está tomando una institución que, en vez de ser temida, debería merecer la mayor confianza y el respeto de la gente
 
En lo que se coincide es que se hace imperativa una reestructuración a fondo de la institución verde olivo, una tarea que hasta ahora se ha tornado muy dificultosa y prácticamente inabordable si se considera la problemática en sí. Ahora mismo, la mayor preocupación del Ministerio de Gobierno y de la institución policial se enfoca en tratar de disminuir los elevados índices de violencia intrafamiliar que derivan por lo general en homicidios, feminicidios e infanticidios. Por otra parte, la violencia contra la mujer coloca a Bolivia como un país donde hace falta aplicar políticas más drásticas para detener una peligrosa curva ascendente que tiene raíces estructurales. Esto se reflejará en el nuevo Plan de Seguridad. Mientras seguirán atacando efectos y no causas.
 
La moción presidencial de “desmilitarizar” la Policía tiene varias lecturas. En primer lugar, si se trata de reconvertir una institución como la policial en otra que corresponda al ámbito civil, resulta sensato admitir que ese anhelo se sustenta en las buenas intenciones. Para concretarlas, éstas deben ser acompañadas de drásticas transformaciones estructurales sociales, económicas y políticas. Otra visión es aquella que trata de mostrar que los valores militares y policiales como la obediencia, la disciplina, el patriarcado, el androcentrismo y sobre todo la violencia como medio para resolver conflictos, contradicen los valores de paz, diálogo y libertad, pilares básicos de la educación de una sociedad democrática. Esta es sin duda una tarea de dimensiones titánicas
 
Sin suponer que la propuesta del presidente Morales sea una utopía, resulta sensato admitir que generará controversias y polémicas, escenario dialéctico para encontrar soluciones a una problemática nacional de seguridad de larga data y de profundas raíces culturales. El contexto histórico muestra la complejidad de la sociedad boliviana, donde sin duda están las respuestas. Lo difícil es interpretarlas y convertirlas en soluciones. La idea está en la mesa de los que han participado de la novena cumbre, gobernadores de los nueve departamentos del país, alcaldes y secretarios municipales, organizaciones no gubernamentales y miembros de la sociedad civil. Sus aportes serán importantes y decisivos. Sin embargo, todo indica que la polémica está servida.

Urge encontrar soluciones a la problemática nacional de seguridad, de larga data y de profundas raíces culturales. El contexto histórico muestra la complejidad de la sociedad boliviana, donde sin duda están las respuestas. Lo difícil es interpretarlas y convertirlas en soluciones.