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Editorial
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El Hantavirus llega de sorpresa
Miércoles,  24 de Abril, 2019
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En teoría el Gobierno ha estado plenamente abocado a la atención de la salud de la población. El lanzamiento del nuevo seguro universal supuestamente ha sido el resultado de un profundo diagnóstico de los problemas y de una minuciosa planificación para enfrentar los principales desafíos, con la puesta en marcha de todos los recursos humanos y materiales destinados a cambiar la historia en materia de atención sanitaria.

Como dice la trillada frase plurinacional, “no se entiende” cómo es que una joven mujer muere al dar a luz en Rurrenabaque, luego de peregrinar por uno y otro centro de salud, de buscar respuestas y de recibir portazos en diferentes puestos asistenciales, hasta que su cuadro se complicó y terminó en la tumba.

Tampoco se entiende cómo es que una peligrosa epidemia como el Hantavirus nos pilla completamente por sorpresa, al punto de que las autoridades nacionales ni siquiera saben explicar bien cuáles son los síntomas de la enfermedad, las características de los roedores transmisores  y las medidas concretas que hay que tomar para enfrentar este peligro.

En casos como éste y cuando realmente funcionan bien las estructuras de salud, suelen existir métodos de monitoreo constante, sobre todo cuando existen algunos antecedentes y el constante acecho desde Argentina, donde el Hantavirus es endémico desde hace décadas y el control epidemiológico es permanente.

Hubiera sido entendible que se detecte un caso, que se lance una alerta y se de paso a un plan de emergencia, pero dos muertos y casi 300 infectados de golpe y para colmo, dentro de un establecimiento militar, donde existen médicos y algún centro de salud, es como entender que nuestro país existe un absoluto descuido en temas fundamentales y en amenazas muy peligrosas.

En Bolivia no se puede alegar que carecemos del personal entrenado para enfrentar este tipo de amenazas. Existe una larga experiencia ganada en el control de la malaria, la fiebre amarilla, la rabia canina, el dengue y otras epidemias que también tienen como foco de propagación el área rural, donde es preciso desplegar los técnicos que evalúan cualquier cambio significativo o identifican las amenazas latentes. En el caso del Hantavirus se requiere una coordinación y un cruce de información con reparticiones directamente relacionadas con el campo, en este caso el ministerio vinculado a la agricultura, pero queda claro que nadie en el Gobierno sospechaba de este peligro.

Tal vez si el Gobierno pudiera encarar la salud de la población como un tema real y concreto, para que no sigamos abordando el cáncer como si fuera un asunto desconocido o el Hantavirus como un baldazo de agua fría, la gente percibirá que existen avances, aunque sean mínimos. Mientras este tema tan fundamental sea un asunto de campaña y de politiquería nada más, la muerte nos seguirá tomando por sorpresa.

Hubiera sido entendible que se detecte un caso, que se lance una alerta y se de paso a un plan de emergencia, pero dos muertos y casi 300 infectados de golpe y para colmo, dentro de un establecimiento militar, donde existen médicos y algún centro de salud, es como entender que nuestro país existe un absoluto descuido en temas fundamentales y en amenazas muy peligrosas.