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Editorial
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Un modelo destructivo
Domingo,  7 de Abril, 2019
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En las últimas semanas se ha estado hablando del “fin de la bonanza del gas” en Bolivia, como si se tratara del ocaso de una época o de un periodo como ocurrió con el auge de la plata, el apogeo del estaño o los breves ciclos del algodón y de la goma. Incluso algunos expertos se refieren al tema como si el país se hubiera ganado la lotería y que ahora nos toca “probar suerte” con otra veta como el litio, la electricidad o algún otro recurso que nos ofrezca la madre tierra.

Hablan del gas como si fuera una mercancía de la que podamos prescindir, cuando se trata de un energético casi tan vital e imprescindible como el agua o el fluido eléctrico y en consecuencia, deberían llamar como corresponde al desastroso manejo que se ha hecho de la industria bajo la conducción socialista y señalar el oscuro destino que nos espera.

Hay un dicho popular cada vez más cierto y seguirá siéndolo mientras la humanidad no se deshaga de sus taras. “Si pones comunistas a cargo del desierto del Sahara, en cinco años habrá escasez de arena”. En realidad, se trata de una de las famosas frases de Winston Churchill, pero es obvio que se ha vuelto parte de la sabiduría universal por culpa de todas tragedias ocasionadas por el socialismo.

La Unión Soviética tenía el poderío militar y represivo suficiente como para aguantar las protestas que exigían la democratización (como lo ha hecho China), pero lo que nunca se dice es que aquel imperio comunista se derrumbó por la escasez de cereales, hecho que quedó patente poco tiempo después de la caída. Cuba fue, antes de la revolución castrista, una de las potencias mundiales del azúcar (y de muchas otras cosas) y hoy deben importarla, como sucede con gran parte de los alimentos.

Hasta el ingenio y la tenacidad de los alemanes que, según dicen, está presente en sus genes, se apagaron por completo por efecto del régimen socialista que se hizo cargo de una porción del país durante 44 años.

Luego de 30 años de reunificación, la región controlada por la ex república democrática no logra alcanzar los estándares históricos del país y menos igualar a sus hermanos del occidente, que no tienen ni un solo cromosoma de más ni de menos, pero que gracias a la libertad y la democracia se han convertido en la potencia más próspera de Europa.

No podemos dejar de mencionar en estos momentos, la tragedia venezolana que ojalá sirva para mostrarle a las nuevas generaciones -siempre proclives a los convincentes discursos y las utopías izquierdistas-, a sepultar para siempre la idiotez de intentar adaptar la realidad a las teorías marxistas, que una y otra vez reviven de la mano de los denominados necrófilos de la ideología.

Venezuela ha superado el récord que alguna vez alcanzó Bolivia en materia de hiperinflación y toda una serie de desastres que dejó la izquierda a principio de los años 80 y que estaban condenando al país a la inanición. No puede estar lejos la posibilidad de igualar o superar el desastre venezolano, de continuar con este modelo destructivo que impera en Bolivia.

No puede estar lejos la posibilidad de igualar o superar el desastre venezolano, de continuar con este modelo destructivo que impera en Bolivia.