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Editorial
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Propaganda y realidad
Viernes,  18  de Enero, 2019
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Gastar millonadas en propaganda tiene sus ventajas para un Gobierno que pretende imponer ideas engañosas sobre sí mismo. “Ecologista”, “indigenista”, “inclusivo”, “nacionalista”, son algunas de las virtudes que frecuentemente se asocian al “proceso de cambio”, aunque todos sabemos que los pueblos nativos están igual de relegados que en el pasado, que sus territorios son avasallados constantemente por los narco-cocaleros y que en Bolivia, ser chino tiene mucho más peso que ser boliviano.

Otra de las farsas del régimen es su orientación social, algo que se machaca constantemente poniendo de relieve la entrega de bonos, beneficios que supuestamente están amenazados en caso de que el MAS deje de ser gobierno. Para este o cualquier administración no solo resulta sencillo mantener estas ayudas, sino también ventajoso desde el punto de vista mediático, pues representan menos del dos por ciento del presupuesto y con esas migajas alcanza para dar la sensación de que están luchando contra la pobreza y por el bien de los más necesitados. Un gran negocio político.

El presidente Morales fue objeto de comentarios jocosos porque no pudo convencer a nadie que la profusa construcción de canchas y coliseos en muchos pueblos del país respondía a una política de salud y luego de reconocer que en esos campos deportivos solo juegan los ratones, ha tenido que improvisar un sistema de seguro universal para dar la impresión de que se ocupa de la salubridad, un tema que pone a Bolivia en la cola del continente y con nota muy baja a nivel mundial.

Para salir de dudas, de comentarios y especialmente del ruido que hace la propaganda, solo hace falta constatar con datos que las nueces dejan muy poco saldo. De acuerdo a un reciente informe de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), un organismo nada crítico con el gobierno boliviano, el gasto que destina el estado plurinacional a políticas sociales es de solo 310 dólares per cápita, casi tres veces por debajo de la media en América Latina, que alcanza los 894 dólares per cápita, en campos como la salud, la educación y otros rubros que tienen que ver con la lucha contra la pobreza, aspecto en el que Bolivia es el más rezagado  de la región.

Lo más llamativo es que países como Bolivia, que enarbolan el socialismo, son los que menos invierten en combatir la marginación, en tanto que Chile y Uruguay, donde la economía de mercado es algo que no se discute, superan los dos mil dólares de inversión social per cápita. Le siguen  Brasil con 1.631 dólares;  Argentina 1.469 dólares y Costa Rica 1.176.  Ni siquiera Cuba está en el grupo los punteros, en tanto que nuestro país comparte la cola con  El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras.

La CEPAL considera que la baja inversión social de Bolivia lo ha colocado como el país que menos redujo la pobreza en la región, apenas en 0,1 puntos porcentuales entre 2016 y 2017. En 2015 este indicador se situaba en 35%, al año siguiente en 35,3% y en 2017 alcanzó una tasa de 35,2%.

La CEPAL considera que la baja inversión social de Bolivia lo ha colocado como el país que menos redujo la pobreza en la región, apenas en 0,1 puntos porcentuales entre 2016 y 2017.

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