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Pueblo enfermo
Miércoles,  12 de Septiembre, 2018
Pueblo-enfermo

La enorme preocupación que ha desatado el caso del niño Sebastián parece propia de una sociedad responsable y solidaria, pero en realidad todos estamos actuando como aves de rapiña, buscando la manera de sacar rédito al escándalo; desde la prensa sensacionalista que se relame por mostrar el hecho de la forma más descarnada posible, hasta la justicia, los funcionarios del Ministerio Público y la gente del Gobierno que hacen gala de su oportunismo. El gremio de los médicos hace lo propio buscando el medio de salvar el pellejo y evitar a toda costa el debate sobre la calidad de la salud, que no solo depende del Gobierno, sino de la formación y la ética de nuestros propios profesionales.

Nunca antes la situación de los niños con cáncer había sido objeto de tanto interés. Ni siquiera cuando el puñado de voluntarios que se ocupa de este drama cotidiano en Santa Cruz, periódicamente trata de despertar la sensibilidad de todos con campañas de recolección de fondos que es lo mismo que mendigar las migajas que el Estado se niega a soltar.

Los médicos del hospital Oncológico hacen peripecias para tratar de salvar las vidas de pacientes que llegan desde cada rincón del país, casi todos provenientes de la pobreza, de la ignorancia, de la falta de recursos y muchos otros problemas que persisten en este país precario, indolente, con autoridades ausentes y extraviadas, lejos de las verdaderas necesidades de la ciudadanía.

Hace unos meses, los médicos, pacientes, enfermeras y personal de servicio del hospital se treparon a la barda, con el objetivo de llamar la atención del presidente que discurseaba en un edificio contiguo, haciendo lindas promesas para mejorar la educación. La interrupción molestó a los jerarcas del régimen que se movilizaron para acallar a los bulliciosos. Supuestamente hubo acuerdos y compromisos. Puro palabras nomás.

En La Paz y otras capitales, los pacientes con cáncer tuvieron que salir a las plazas, hacer huelga, crucificarse en la vía pública y recurrir a todos los medios para llamar la atención sobre la falta de equipos, la carencia de medios, la escasez de médicos especialistas y tantas otras falencias que enfrentan los hospitales y que dificultan el tratamiento.

Es lógico que busquen ahora calmar a los lobos de la opinión pública lanzando a la hoguera a ese médico que cometió un error, ocurrido precisamente en el contexto de la precariedad en la que funciona el Oncológico, donde hace años dependen del voluntariado para realizar cirugías complejas, porque al Ministerio de la Salud se niega a entregar presupuesto para pagar un cirujano pediátrico. En realidad, si no ocurren más muertes y casos como el de Sebastián en éste y todos los hospitales públicos del país, es por puro milagro, porque la carencia de personal es crónica y los pacientes sufren las consecuencias.

Los médicos hacen peripecias para tratar de salvar las vidas de pacientes que llegan desde todos los rincones del país, provenientes de la pobreza, de la ignorancia, de la falta de recursos y muchos otros problemas que persisten en este país precario, indolente, con autoridades ausentes y extraviadas, lejos de las verdaderas necesidades de la ciudadanía.

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