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Editorial
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Los Yungas y la política del embudo
Miércoles,  29 de Agosto, 2018
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De pronto el Gobierno reconoce que la coca está vinculada al narcotráfico, que existen grupos armados, que hay elementos extranjeros inmersos dentro de las organizaciones cocaleras y de pronto también, se actúa con mano firme en la erradicación de cocales ilegales y contra los dirigentes acusados de la muerte de un teniente de policía. Son verdades que siempre han reclamado una explicación coherente y de pronto las autoridades lo admiten todo.

Obviamente no estamos hablando del TIPNIS, ni del Polígono 7 y menos todavía del Chapare, sino de Los Yungas, donde el régimen ha concentrado toda su fuerza de interdicción, de combate al tráfico de la cocaína y de  la eliminación de coca excedentaria. Paradójicamente, estamos hablando del único lugar donde existe la denominada “coca milenaria”, donde se produce la única coca del país que sirve para masticar y donde están los únicos cultivos cuya producción se destina casi exclusivamente al consumo ancestral, el “caballito de batalla” del “proceso de cambio”, la razón de ser de haber declarado sagrada a la hoja que le dio origen al alcaloide blanco que más violencia, más muertos, más fortunas oscuras y convulsiones armadas ha desatado en América Latina en los últimos tiempos.

Obviamente en Los Yungas hay narcotráfico, siempre han existido bandas peruanas que utilizan el territorio boliviano para exportar su propia cocaína y también existen cocales al margen de la ley, pero todos estos problemas son mínimos en comparación con lo que sucede en el Chapare, donde los muertos suman por cientos, incluyendo los linchamientos, los ajusticiamientos cometidos por sindicatos y ataques a brigadas de erradicación y de interdicción que jamás se han investigado y se mantienen en la impunidad.

Es de celebrar que se tome el toro por las astas en los Yungas, pero hace mucho que se necesita hacer lo mismo en el trópico cochabambino, en varios parques de la zona, en la frontera con Brasil, que está plagada de narco-comunidades, entre ellas San Matías, a la que llaman la “Ciudad Juárez” de Bolivia. Se debe proceder con el mismo ímpetu en Pando, con los “narco-ayllus” de Potosí que ya llevan en su haber varios policías muertos; con Yapacaní y San Germán, donde no permitieron la instalación de un cuartel antidrogas; con amplias zonas del Beni, donde han vuelto a la bonanza de la cocaína de los años 80, etc, etc.

La enérgica reacción contra la coca de Los Yungas surge después del episodio del Polígono 7  del TIPNIS, que dejó evidencia internacional de que en el lugar hay coca ilegal e intensa actividad del narcotráfico que no sólo los cocaleros tratan de esconder. También se da luego de la presentación del informe de la ONU que da cuenta de un retroceso en el control de la coca con un incremento de los cultivos que surgen como consecuencia de una ley que legalizó la coca del Chapare y que tiene como fin, quitarle espacio a los cocales paceños, donde el aumento de los cultivos ha sido ínfimo. Esta política del embudo en el narcotráfico no sólo causa malestar interno, sino que está generando un caldo de cultivo que pone nerviosa a la comunidad internacional.

La enérgica reacción contra la coca de Los Yungas surge después del episodio del Polígono 7  del TIPNIS, que dejó evidencia internacional de que en el lugar hay coca ilegal e intensa actividad del narcotráfico que no sólo los cocaleros tratan de esconder.

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