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Editorial
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Prohibir por el bien común
Sábado,  18 de Agosto, 2018
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Se ha demostrado de manera fehaciente que el uso discrecional de las bolsas plásticas por la ciudadanía en el mundo ha acarreado importantes impactos negativos sobre la naturaleza, al punto que no se admite discusión sobre su efecto devastador. De hecho, la contaminación de los océanos por los productos plásticos ha pasado de simple riesgo a una auténtica amenaza de fatales consecuencias para la vida planetaria. Los efectos negativos se extienden, por supuesto, y de un modo lógico, no solo a la naturaleza en su conjunto, sino también a la salud humana, configurando un panorama de características catastróficas. Por ello, no extraña la gran preocupación de los gobiernos por este asunto.
 
En este contexto, se han generado importantes corrientes de opinión y movilizaciones ciudadanas en distintos países del mundo contra el uso de las bolsas plásticas en la actividad diaria y comercial. En América Latina, Chile ha tomado la delantera y se ha convertido en el primer país en prohibir categórica y legalmente el uso de bolsas plásticas en todo su territorio. En un principio, la prohibición apuntaba tan solo a las poblaciones costeras, pero la realidad de la contaminación plástica se ha presentado tan dura y peligrosa, que la norma legal promulgada no admite cortapisas. En el fondo se trata de un asunto donde se prohíbe por el bien común. Sin duda, es un ejemplo a seguir.
 
En el país está cobrando fuerza la demanda ciudadana organizada, impulsada por activistas medioambientales que exigen que el Gobierno se pronuncie para lanzar una ley que prohíba el uso de las bolsas plásticas en territorio boliviano. De hecho, se está socializando un anteproyecto con legisladores nacionales y regionales. Si se considera que Bolivia ha levantado las banderas de la Naturaleza, la defensa y protección de la Madre Tierra en sendas declaraciones formales, resulta coherente que pase de la retórica a los hechos. Esto significa que pasar de las palabras a la acción deviene en ineludible obligación gubernamental, no solo ética sino también tarea política, lógica e ideológica.
 
Sin embargo, de esta acuciante necesidad de prohibir por el bien común, el desafío de prohibir el uso de las bolsas plásticas se presenta como colosal en esta coyuntura histórica del país. Por una parte, conviene advertir que la conciencia ecológica de la mayor parte de la ciudadanía boliviana es insuficiente para emprender la tarea con éxito asegurado. Por otra parte, todo indica que se encontrarán resistencias tanto en el sector productor de plástico como en el mundo comercial, tal como ha sucedido en otros países. De pronto, emerge un problema no solo ecológico, de suyo decisivo, sino también multifactorial que conviene comprender en toda su magnitud para obtener éxito
 
Resulta sensato iniciar un proceso de sensibilización sobre el uso discrecional y nocivo de las bolsas plásticas, para que la población asimile el enorme daño que causa a la naturaleza y salud humana. El solo hecho de saber que se consumen más de un millón trescientas bolsas plásticas cada día en el país, que alcanza a casi quinientos millones cada año, genera un impacto ambiental muy serio que conviene asimilar y detener. Se trata en todo caso de prohibir por el bien común. Por ello, la necesidad de una ley pertinente, consensuada, clara y amplia sobre el uso de plásticos deviene en imperiosa, por lo que debe lanzarse cuanto antes. Ahora,  el reto está en manos de los legisladores.

Por ello, la necesidad de una ley pertinente, consensuada, clara y amplia sobre el uso de plásticos deviene en imperiosa, por lo que debe lanzarse cuanto antes. Ahora,  el reto está en manos de los legisladores.

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