Siguenos en:
Lunes
 24 de Septiembre de 2018
Editorial
Editorial
Espectáculos de Lilliput
Miércoles,  15 de Agosto, 2018
Espectaculos-de-Lilliput

Quién no conoce la historia de Gulliver, el gigante ideado por el irlandés Johnatan Swift en 1726. Nadie reparó en aquellos años en el verdadero alcance de las críticas que le hizo el autor al abuso de poder y hoy más que nunca se debe reflexionar sobre el mensaje que intentó transmitir este escritor que satirizó con tanta genialidad a los regímenes políticos de aquella época y de estos tiempos también.

Un día, el emperador de Lilliput, que se había hecho muy amigo de Gulliver, quiso alardear de su autoridad y le mostró su método para elegir a los altos funcionarios del reino. Los pobres postulantes tenían que saltar una cuerda durante horas, hacer una y mil piruetas y satisfacer todos los caprichos del monarca, con tal de ganarse su aprecio y su confianza.

Algunos morían en el intento, pero ese método le aseguraba al gobernante la absoluta lealtad y sumisión de sus colaboradores, además de ser un excelente espectáculo para distraer al pueblo, algo vital en política. En aquella isla no eran importantes los méritos ni la capacidad para ejercer un cargo público y pese a todos los enormes servicios que le prestó Gulliver al reino lilliputiense, al final fue juzgado y condenado por no incurrir en la complacencia que le exigía el monarca.

Lo que esta historia trataba de mostrar hace 300 años es la estructura medieval de las sociedades en las que la casta, el adulo, los contactos con el poder, la familia y la elite eran la clave para sobresalir y ocupar sitiales de privilegio en la pirámide social. Esa fue la fórmula que se impuso con trazos mucho más burdos y radicales durante la colonización de América y lamentablemente sigue teniendo vigencia en pleno Siglo XXI.

Hace poco, el connotado columnista Andrés Oppenheimer se preguntaba por qué no ha surgido todavía en América Latina un Steve Jobs, un Bill Gates, un Jeff Bezos o un Mark Suckerberg, cuatro grandes genios de la informática, las redes sociales y los negocios digitales que se han convertido en los más valiosos del mundo. El analista atribuye el fenómeno a los deficientes y obsoletos sistemas educativos y a la falta de promoción de la innovación en los aparatos públicos. Esto es una gran verdad, pero olvida mencionar que ninguno de esos brillantes emprendedores obtuvo un título universitario y lo que hicieron fue producto de la iniciativa propia que surgió en algunos casos en el garaje de una casa o en un apretado departamento.

Ellos surgieron porque viven en un país donde nadie necesita un apellido influyente, un padrinazgo político, de un partido o un importante contacto para sobresalir, aportar a la sociedad y hacerse rico. Es aquí donde cualquier individuo de pésimas credenciales éticas, académicas y humanas se vuelve famoso simplemente por amarrarle los huatos al caudillo de turno. Ese es un pésimo mensaje para los jóvenes que ni estudian ni se esfuerzan para surgir, porque es más fácil hacerlo brindando un triste espectáculo como el de aquel teniente, el diputado desnudo o cualquiera de los lamentables episodios que ocurren todos los días.

Es aquí donde cualquier individuo de pésimas credenciales éticas, académicas y humanas se vuelve famoso simplemente por amarrarle los huatos al caudillo de turno. Ese es un pésimo mensaje para los jóvenes que ni estudian ni se esfuerzan para surgir, porque es más fácil hacerlo brindando un triste pero lucrativo espectáculo.

Notas Relacionadas
©2016 Diario El Día Santa Cruz - Bolivia, Dirección: Av. Cristo Redentor, KM 7 zona ”El Remanso” - Teléfono piloto: 3-434040 Fax Comercial y Publicidad. 3-434781 - Fax Redacción 3-434041 - email: eldia@eldia.com.bo  |  Acerca de El Día