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Editorial
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Salud, en estado terminal
Jueves,  26 de Julio, 2018
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Ha generado una conmoción muy grande el reciente fallecimiento de la embajadora de la república de El Salvador en Bolivia, Maddelin Vanessa Brizuela Arévalo, una joven diplomática que fue víctima de un repentino derrame cerebral que le cobró la vida. Algunas circunstancias que rodean a este desenlace, comprometen seriamente al gobierno boliviano y su manera de conducir un tema tan serio como la salud.

Este caso vuelve a poner en el tapete un viejo problema, álgido y complejo, que para el Gobierno resulta ser una sorpresa, a juzgar por las palabras del presidente Morales que hace unos días dijo que en estos doce años el régimen no ha contado con información oportuna y fidedigna para mejorar la situación de los hospitales, tal como se lo exigen enfermos de cáncer, que vienen insistiendo por la compra de equipos y la mejora de los tratamientos desde hace más de una década.

Por los reportes de prensa que han sido corroborados por la Embajada de El Salvador, que ha denunciado un grave caso de negligencia, los allegados a la representante diplomática recorrieron al menos siete establecimientos de atención médica por un lapso de cuatro horas en busca de respuestas para la paciente y en ninguno consiguieron una respuesta afirmativa, hasta que la demora pasó su factura y se produjo el deceso.  Los funcionarios de la embajada mencionan que acudieron a “clínicas y hospitales”, pero no precisan nombres ni razón social, así que una investigación detallada deberá determinar qué ocurrió en cada caso, por qué negó la atención y qué otros pormenores rodearon este desagradable episodio.

En principio, debemos afirmar que el peregrinaje que hizo la embajadora es muy común en Bolivia; los pacientes son derivados de un lugar a otro por falta de espacio, por la carencia de equipos, por malas condiciones en los centros hospitalarios y también por la mala actitud de los funcionarios, que no están debidamente formados ni supervisados para brindar una atención cálida al público y evitar situaciones de gravedad. Todos los días salen en la prensa fotografías e historia de ciudadanos que deben compartir camas, que son atendidos en los pasillos, que deben esperar semanas y meses por una cirugía o un tratamiento. 

Para las autoridades jerárquicas esta situación puede resultar extraña, porque ellos recurren a clínicas y hospitales extranjeros cada vez que sufren alguna dolencia. Lo insólito de este caso es que el calvario de recurrir a los servicios locales de emergencia le tocó a una persona prominente que ha ocupado grandes titulares en la prensa.

En estas circunstancias no es recomendable desatar una cacería de brujas ni buscar chivos expiatorios. No se trata de un hecho aislado ni extraordinario, sino el síntoma de un problema estructural que ha sido muy mal abordado por un Gobierno que ha puesto a la cabeza del sector a personas que no tienen la capacidad para buscar soluciones y que en todo estos años se han dedicado tan solo a generar enfrentamientos con los médicos.

Para las autoridades jerárquicas esta situación puede resultar extraña, porque ellos recurren a clínicas y hospitales extranjeros cada vez que sufren alguna dolencia. Lo insólito de este caso es que el calvario de recurrir a los servicios locales de emergencia le tocó a una persona prominente que ha ocupado grandes titulares en la prensa.