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Editorial
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¿Qué pasa con Nuestro gas?
Domingo,  1 de Abril, 2018
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Es preocupante la información que han difundido expertos en materia de hidrocarburos acerca de la situación de los grandes campos de gas de Tarija, responsables de la mayor producción y especialmente de los inmensos volúmenes de exportación que constituyen una de las fuentes de ingresos más importantes del país.

De acuerdo a los reportes publicados por la prensa, la producción del campo San Alberto, activo desde finales de los años 90 ha experimentado una caída de los 11 millones a los 4,14 millones de metros cúbicos diarios, de acuerdo a cuantificaciones realizadas en diciembre de 2017 y según pronósticos recientemente divulgados, el pozo podría agotarse en menos de dos años.

Lo mismo estaría pasando con Sábalo, otro de los tres megacampos de Tarija, cuya producción se redujo a la mitad entre 2014 y 2017, según lo confirma la Secretaría de Hidrocarburos de la Gobernación de Tarija.

Pese a que Bolivia cuenta con cinco campos de gran envergadura, San Alberto es considerado el emblema de la industria gasífera nacional. En su momento aportó con un tercio de toda la producción y puso al país en el mapa petrolífero mundial. En 2006 se convirtió en el estandarte de la nacionalización, pero en este momento apenas contribuye con el 8,7 por ciento del volumen total de gas obtenido del subsuelo. En el momento de mayor explotación, alrededor de 2012, llegó a producir 13 millones de metros cúbicos por día.

El tercero de los grandes campos es Margarita, que también se encuentra en proceso de declinación, con un tiempo de operación que podría alcanzar hasta el 2021. Los técnicos que han desatado las alertas lamentan la inexistencia de otros pozos de la misma magnitud que puedan operar en el corto plazo. Recordemos que un yacimiento como San Alberto, toma cerca de una década hasta conseguir su pleno desarrollo y en nuestro país la política hidrocarburífera no ha conseguido el dinamismo necesario para asegurar el abastecimiento a largo plazo.

Los más pesimistas hablan de un déficit de producción en relación a la demanda contratada interna y externa y creen que es difícil revertir la situación. Mientras tanto, el Gobierno responde con el mutismo, a veces con evasivas y con señales nada halagüeñas como la resistencia sistemática a certificar las reservas, tal como lo indican las leyes y como lo requiere un mercado tan competitivo, pues en medio de toda esta incertidumbre, los países vecinos comienzan a tomar sus previsiones.

Los analistas creen que las autoridades responsables debieron aprovechar el periodo de excelentes precios del gas para poner en marcha un proceso de reposición, pero desafortunadamente no hubo ni la previsión ni la pericia necesarias para asegurar la sostenibilidad de la industria, que cada vez se aleja más de su potencial de ser el eje energético de América del Sur.

Los más pesimistas hablan de un déficit de producción en relación a la demanda contratada interna y externa y creen que es difícil revertir la situación. El Gobierno responde con el mutismo, a veces con evasivas y con señales nada halagüeñas como la resistencia a certificar las reservas.

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