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Editorial
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Urubó: Política y negocios
Martes,  6 de Marzo, 2018

Hacen mal los empresarios en escudarse detrás de los políticos para defender sus propios intereses. Los políticos, especialmente los bolivianos, son extremadamente cortoplacistas, no tienen visión de largo alcance y eso explica por qué no hay líderes que se mantengan vigentes más allá de diez o veinte años. Además, son mezquinos, solo piensan en la acumulación de poder y no hacen nada que no tenga de antemano la aprobación popular, que no necesariamente significa estar conectado con las necesidades de la gente. Si la conexión fuera perfecta entre ambas categorías, el populismo debería ser la mejor forma de Gobierno, hecho que está muy lejos de la verdad.

Los negocios del Siglo XXI requieren un enlace muy estrecho con el mercado, pero no solo con las necesidades concretas del consumidor, sino también con el medio ambiente, con los criterios de sostenibilidad, la responsabilidad social y el compromiso con el bienestar de las actuales y futuras generaciones.

Esta reflexión viene a propósito de la angurria que se ha desatado por la construcción de un nuevo puente (o varios) sobre el río Piraí para conectar la ciudad de Santa Cruz con al zona del Urubó, donde se han realizado cuantiosas inversiones inmobiliarias, que seguramente están tropezando con la crisis económica y con algunas dificultades jurídicas y administrativas que surgen del hecho de haberse saltado los procedimientos legales vigentes para consolidar una urbanización.

Qué autoridad pueden tener los alcaldes, concejales y otros funcionarios para imponer criterios sobre el mejor lugar donde pueden construirse o no los futuros puentes, si han sido ellos mismos los que han violado todas las normas medioambientales, han invadido las áreas restringidas y han sido cómplices de una expansión urbana caótica, depredadora y altamente peligrosa para los habitantes, pues cada una de esas transgresiones suele devenir en inundaciones, derrumbes, mazamorras y otros desastres naturales, como se ha podido evidenciar durante el reciente periodo de lluvias en varios puntos del país.

Precisamente en el temporal ocurrido en los primeros días de este año, el municipio de Porongo recibió un llamado de alerta por el desborde de un arroyo que causó estragos en las viviendas aledañas. Ese episodio, no solo obliga a mantener firmes los criterios de resguardo de las riberas del río Piraí, sino a mejorarlos con la reforestación constante y la construcción de defensivos, pues no está lejos de nuestra memoria aquel turbión que se llevó tantas vidas, tantas viviendas y por supuesto, tanta inversión y esfuerzo de empresarios.

Presionar y hacer valer los contactos políticos ya sea con el Gobierno central o con cualquiera de las alcaldías involucradas en el Urubó no son los mejores instrumentos para asegurar el éxito, como alternativa de la expansión urbana de Santa Cruz. Esa zona ha sido promocionada como la nueva ciudad, edificada sobre la base del bienestar, el cuidado de la naturaleza, el respeto a las normas y otros criterios ausentes en este lado del río. Traicionar esos postulados será malo para el futuro de la metrópoli y obviamente, muy malo para los negocios.

Qué autoridad pueden tener los alcaldes, concejales y otros funcionarios para imponer criterios sobre el mejor lugar donde pueden construirse o no los futuros puentes, si  han sido ellos mismos los que han violado todas las normas medioambientales, han invadido las áreas restringidas y han sido cómplices de una expansión urbana caótica.

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