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Editorial
La recuperación del Casco viejo
Viernes,  22  de Diciembre, 2017

El centro tiene muy mala fama. Nos referimos a la zona céntrica de la ciudad, que es sinónimo de caos y especialmente de congestionamiento del tráfico. Por eso mismo la gente prefiere irse de compras y trasladar sus actividades a otros sitios que están de moda, mientras que la zona interna del primer anillo corre el riesgo de decaer y convertirse en una especie de desierto de cemento, como ha ocurrido en muchas ciudades del mundo. 

Esa preocupación es vieja en la Alcaldía de Santa Cruz, pero hoy se vuelve mucho más evidente, no solo por el auge de los centros comerciales que concentran todo tipo de tiendas y negocios, sino por el desarrollo de otros proyectos edilicios en la zona norte y el Urubó especialmente, que atraen a empresas, a profesionales y prestadores de servicios que en el pasado se concentraban en el denominado “casco viejo”.

Varias universidades locales han hecho un estudio encargado por la Gobernación sobre el potencial urbanístico que posee el casco céntrico y la conclusión es que si bien la zona no es insegura, está comenzando a generar problemas por la proliferación de locales nocturnos que se han convertido en la única opción comercial de los propietarios de los locales que en el pasado los dedicaban a otras actividades que se han desconcentrado.

Si bien se enumeran una serie de ventajas que tiene el centro, como el carácter estratégico, la facilidad del transporte, la variedad de opciones, nadie puede dudar que existe el peligro de la decadencia, hecho que hay que evitar, pues la ciudad perdería su identidad y el costo económico sería gigantesco si es que se desvalorizan los inmuebles que indefectiblemente caerían en el deterioro.

Las autoridades municipales deberían pensar en diferentes opciones como otorgar ventajas impositivas a los que inviertan en el centro; fomentar circuitos turísticos, crear espacios peatonales como lo que se hizo con la acera norte de la plaza principal y la Manzana 1 que le dieron vitalidad a ese circuito; fomentar actividades culturales de manera permanente, reforzar la seguridad, mejorar la circulación vehicular, fomentar la inversión en parqueos públicos y en definitiva crear las condiciones para que el centro, sus plazas, sitios históricos, monumentos y todo lo que alberga el área adquieran el vigor y el dinamismo urbanístico que se necesita.

Así como se impulsan diagnósticos, también es imprescindible poner a los expertos, arquitectos, urbanistas y empresarios a hacer propuestas y elaborar proyectos destinados a revalorizar el centro, desde el punto de vista estético, comercial, como espacio recreativo y obviamente como una importante zona residencial, que es en definitiva el componente esencial para mantener la vida y la salud de este importante espacio de la ciudad. Existe la promesa municipal de la licitación de una consultoría relacionada con este desafío. Es plausible la idea y mucho más si se llega a concretarse con acciones puntuales.

El centro de la ciudad está comenzando a generar problemas por la proliferación de locales nocturnos que se han convertido en la única opción comercial de los propietarios de los locales que en el pasado los dedicaban a otras actividades que se han desconcentrado.