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Editorial
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Palos y piedras versus un cambio de cultura
Viernes,  24  de Noviembre, 2017

Sigue con un gran signo de interrogación el traslado de los mercados, un problema que dejaron crecer desmesuradamente y que ahora se vuelve una “misión imposible”. 

Mientras vuelan las piedras y crece la represión, los gremiales van y vienen con sus posturas cambiantes, va surgiendo de a poco la verdadera solución, no sólo para los mercados, sino para muchos de los desafíos de la ciudad, que no termina de organizarse y asimilar el impresionante crecimiento que empezó en los años 70.

Hablamos del protagonismo ciudadano, es decir, el papel que puede jugar el vecino a través de sus hábitos y la conducta que asume cotidianamente en su manera de comprar, de transportarse, de lidiar con la basura, de consumir y moverse de un lado a otro.

En las redes sociales difunden mensajes que instan a la gente a no comprar de los vendedores ambulantes, a abandonar esa costumbre de adquirir “al paso” los productos de la canasta familiar, a no fijarse en la calidad y la seguridad de los productos y a pensar sólo en el elemento precio, sin darse cuenta que “lo barato siempre sale más caro”.

Desesperadas por el temor al fracaso, las autoridades municipales se suman a la onda, cuando en realidad, el cambio de cultura ciudadana debería ser su prioridad, la educación tendría que ser el arma más importante y la cohesión social, el instrumento más poderoso para enfrentar el caos en los mercados, el transporte desordenado, la falta de limpieza en las calles, la inseguridad y casi todo lo que nos produce malestar, sin saber que la solución está en la revolución mental que debemos asumir todos los que habitamos esta complicada ciudad.

Obviamente, la iniciativa tiene que partir de las autoridades. Ellas tienen que deshacerse de su aureola mesiánica, abandonar su pedestal y dialogar directamente con la gente (no sólo con los gremios, los sindicatos y movimientos sociales), hablar con sinceridad y unir fuerzas para jalar el carro hacia el mismo lado.

El dilema es que nuestra democracia no ha pasado del estadio del corporativismo. Ojalá que sea verdad lo que dice el alcalde Percy Fernández, quien asegura que los gremiales han perdido poder, pues lo “normal” es que la Alcaldía esté al servicio de los vendedores de los mercados, de los transportistas y otros colectivos que conspiran contra las verdaderas necesidades de la gente. Lo frecuente es que política sea sinónimo de otorgar ventajas a los grupos de poder, a las minorías eficientes con capacidad de movilización y de bloqueo, armas de doble filo y que los líderes políticos suelen usar a su favor.

Este cambio abarca un proceso largo, toma tiempo y mucho esfuerzo, pero es la única manera de conseguir cambios profundos, duraderos y sostenibles. Es el vehículo que han usado muchas ciudades para cambiar de vida y de fisonomía. La colaboración ciudadana sólo será posible, insistimos, si las autoridades nos convencen a todos de que están de nuestro lado. Por ahora, ese factor está en duda.

Ojalá que sea verdad lo que dice el alcalde Percy Fernández, quien asegura que los gremiales han perdido poder, pues lo “normal” es que la Alcaldía esté al servicio de los vendedores de los mercados, de los transportistas y otros grupos de poder.

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