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Editorial
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Violencia en la familia: ¿Espectáculo o debate?
Miércoles,  16 de Agosto, 2017

Es necesario tomar muy en serio el triste episodio del chico flagelado por su padre, quien dejó plasmado en un video el momento del castigo. Haríamos muy mal como sociedad, convertir este hecho en un espectáculo mediático cuando lo necesario es abrir un debate sobre la forma cómo educamos a nuestros hijos.

Es importante que los medios de comunicación, especialmente la televisión, frenen sus bajos instintos, reflexión que vale también para las autoridades y politiqueros, que seguramente se relamen por figurar y hacer el papel de justicieros y moralistas, cuando el Gobierno es el menos indicado para hablar en este asunto, no solo porque se trata de un régimen violento y abusivo, sino porque constantemente está haciendo esfuerzos por suplantar y sobrepasar la autoridad y el papel de los padres en la formación de sus hijos.

El padre del chico golpeado se ha disculpado públicamente y dice estar dispuesto a asumir las responsabilidades que le tocan por sus excesos. No cabe otra situación, pues si algo debe quedar claro es que la violencia no debe ser la respuesta en ningún caso y obviamente con eso también nos estamos refiriendo a quienes seguramente pretenden hacer escarnio de aquel hombre, juzgarlo y tratarlo como si fuera un delincuente.

Paradójicamente todos los intelectuales, educadores, psicólogos, pedagogos y demás especialistas que impulsaron la denominada “sociedad complaciente” también están pidiendo perdón por haber creado nuevas generaciones de niños y jóvenes ingobernables, que se imponen sobre sus padres y maestros, que no acatan ninguna autoridad, que necesitan constantemente un estímulo placentero para vivir y que no admiten ningún tipo de frustración o esfuerzo.

Había que terminar con los resabios de la cultura del rigor que se imponía a golpes en las escuelas y en los hogares en las épocas de nuestros padres y abuelos, pero lamentablemente nos hemos ido al otro extremo, donde el niño aterroriza a sus padres con sus caprichos, sus hábitos y sus posturas y los progenitores esconden la cabeza en la tierra, pensando que la escuela, la universidad, el posgrado o el paso del tiempo van a resolver el asunto.

Lo que no saben los padres es que los educadores de hoy se están rompiendo la cabeza buscando la manera de contener a los estudiantes, ponerle límites y evitar que se sobrepasen y lleguen a extremos como los que se pueden observar en ciertos países “muy modernos”, donde el marco familiar y la paternidad se han borrado casi por completo gracias a un contexto legal absolutamente permisivo y casi libertino.

Cuesta decir todo esto en medio de un escándalo como el que se ha producido sin que nadie piense que se está justificando la paliza que le dio aquel padre a su hijo. Pero no olvidemos que el resto del año, los padres no hacen más que hablar de lo difícil que se ha vuelto controlar a sus hijos, que no saben qué hacer ni cómo encontrar el equilibrio. Como dijimos al principio, este es el momento más apropiado para buscar el debate que nos alumbre el camino.

Había que terminar con los resabios de la cultura del rigor que se imponía a golpes en las escuelas y en los hogares en las épocas de nuestros padres y abuelos, pero lamentablemente nos hemos ido al otro extremo.