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 20 de Agosto de 2017
Editorial
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Aprender de las experiencias
Martes,  18 de Julio, 2017

No es acertado hacer ver –por cuestiones políticas-, que la Policía y el Ministerio de Gobierno hicieron todo mal el pasado jueves durante el operativo que enfrentó a los delincuentes que asaltaron la joyería Eurochronos, con el saldo lamentable de cinco muertos y el dolor causado por la manera en que perdieron la vida un joven oficial y una ejecutiva que fue usada como escudo humano.

Pero es más dañino todavía afirmar, por razones propagandísticas, que todo salió a las mil maravillas, que tenemos las mejores fuerzas de seguridad del mundo y que por eso mismo, los criminales no volverán a pisar suelo boliviano por temor a ser aniquilados. En un arranque de ingenuo optimismo un funcionario de alto nivel llegó a asegurar que la organización que perpetró el atraco ha sido desarticulada, olvidando tal vez que el temible Primer Comando de la Capital (PCC) tiene más de 100 mil miembros en Brasil, Paraguay, Argentina y es de temer que haya más de cinco en Bolivia. Su motivación más fuerte es la droga y estamos hablando de la región donde más ha crecido el delito del narcotráfico en la última década.

Es verdad que lo de Eurochronos ha sido el asalto más grave ocurrido en la historia de Bolivia, pero no ha sido el peor hecho de sangre ocurrido en el país. En los años 80, cuando todavía nos gobernaban las dictaduras militares y el narcotráfico también estaba en auge, eran muy frecuentes los ajustes de cuentas en plena vía pública. Hubo casos de individuos ametrallados a plena luz del día, extranjeros ajusticiados con salvajismo y también desapariciones. Todo fue consecuencia del relajamiento de las políticas de control y de cierto nivel de complicidad de las fuerzas gubernamentales con las mafias que consiguieron penetrar en todas las esferas sociales.

A mediados de los 90 también se vivió una ola criminal muy fuerte, cuando la debilidad institucional de nuestro país y la permeabilidad de las fronteras permitió el ingreso de maleantes de toda calaña de los países vecinos. Cómo no recordar las fechorías del “clan Argüellas”, integrada por argentinos con amplios antecedentes que cometieron numerosos asaltos y asesinatos. Por esos días también llegaron unos atracadores expulsados de la Policía de su país y uno de ellos cayó preso. Cuando lo interrogaron dijo que robar en Santa Cruz había sido “cosa de chicos”, porque la gente es demasiado confiada, no hay seguridad, tampoco prevención y los policías tampoco eran una amenaza para sus actividades. Afortunadamente se confiaron demasiado y no solo terminaron tras las rejas, sino que cayeron en su propia ley.

Más de 20 años después de aquellos episodios, lamentablemente persiste la misma debilidad en nuestro Estado, falta de previsión en la gente y en sus autoridades, fronteras que hacen poco y nada para frenar el ataque de organizaciones peligrosas, a lo que hay que sumarle una justicia que ha retrocedido en lugar de avanzar, puesto que uno de los asaltantes de Eurochronos prácticamente recibió un salvoconducto para salir de Chonchocoro y hacer de las suyas. 

Tenemos una justicia que ha retrocedido en lugar de avanzar, puesto que uno de los asaltantes de Eurochronos prácticamente recibió un salvoconducto para salir de Chonchocoro y hacer de las suyas.

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