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Editorial
La huella es el olvido
Un golpe de timón
Viernes,  14 de Julio, 2017

Vamos a fracasar en las elecciones judiciales de diciembre. Lo sabe todo el mundo, menos el  gobierno nacional, por increíble que parezca. No sólo que el reglamento de preselección de candidatos a los cuatro tribunales del país se parece a duras penas a nuestra realidad social y enfrenta nítidos problemas para la equidad de género y la representación regional, sino que, además, probos abogados, potenciales postulantes, desconfían del trabajo de la Asamblea Plurinacional. No les falta razón: el burdo antecedente del año 2011 desanima a quienes tienen sincera vocación de juez. Y mucho más a los ciudadanos.

Salvo la novedad del burocrático trabajo de la Universidad Boliviana (revisión de papeles: cumple, no cumple, más un examen kilométrico), ¿por qué insistir en un procedimiento frustrante para la democracia boliviana? La Asamblea Plurinacional, lejos de la expectativa que debería generar en la discusión de ideas, de programas y de líneas de Estado parece el reino de la intrascendencia, la instancia de mero trámite  de la voluntad del ejecutivo nacional o el lugar donde se contamina de duda cualquier tarea. ¿Acaso no se advierte que la ciudadanía no le tiene mayor confianza? El pobre número de postulantes, la misma ausencia de nombres fuertes para optar por estos honrosos cargos, demuestran que, fuera de los ámbitos de la Plaza Murillo, la gente tiene otro pensamiento y otro sentimiento.

La reinvención del órgano judicial es una tarea que compromete a los bolivianos. Quiero decir: a todos nosotros. Quienes confunden esta esencial y urgente necesidad del país con una pelea de esquina y faroles apagados entre la derecha y la izquierda no sólo que están muy equivocados sino que no dan la talla para semejante momento histórico que atravesamos. Es hora de actuar con absoluta grandeza, superar nimiedades y apuntar con firmeza hacia el objetivo que debemos alcanzar: tribunales, conformados por gente idónea, capaces de administrar justicia a los ciudadanos del campo y ciudad con probidad y talento: rápido y excelente. Si se lo logra, es probable que el país cambie definitivamente de rostro. ¿Se imaginan? Esa es su importancia sin igual. Luego se debería encarar las reformas aún pendientes.

Es fundamental que el presidente del Estado Plurinacional dé un paso de gigante al frente y convoque a una gran reunión a ex presidentes y otros grandes personajes nacionales para llegar a un acuerdo único: reconstituir el órgano judicial con los mejores nombres para garantizar a la gente algo que cada vez está más distante: seguridad jurídica. Es imprescindible que el primer mandatario desande lo actuado por la Asamblea, convoque a varias personalidades y manifieste su voluntad política para que Bolivia brinque, de esta mediocridad, a un escenario de luz y esperanza. La administración de justicia es un tema tan importante como el mar. Una comisión chica, de notables, puede elaborar la nueva convocatoria, recepcionar papeles de los postulantes, preseleccionarlos con transparencia y la Asamblea dar por bien hecho todo lo actuado. Con ese antecedente iríamos a votar y seguramente generaríamos legitimidad. En todo caso, sería un trabajo nacional, de todos, y no, como ahora se entiende, de un solo partido. (Quizás, como otra razón más para el fracaso, el ciudadano piensa que apoya al partido oficial con su voto; o lo contrario, es decir que lo perjudica, y vota en consecuencia. Es hora de superar esa conducta y asumir la tarea como una responsabilidad de la sociedad en su conjunto.) Necesitamos de un acuerdo nacional. A nadie le debe avergonzar esta necesidad. Para eso sirve la política. El presidente tiene la palabra.

Insisto con la participación del presidente porque el caso amerita. Es un momento delicado, de capital importancia, que ubica a nuestro país ante una doble opción: o triunfamos o fracasamos. Debemos ser conscientes de la situación extrema.

Se necesita un golpe de timón que cambie de curso este derrotero de inminente fracaso. Una intervención directa, positiva, que plantee sobre la mesa el problema (que lo sabemos) y la solución (que también sabemos), y se actúe en consecuencia. Un gesto de grandeza. Una muestra real de firme compromiso con la gente y sus preocupaciones. De paso, bueno sería que el rumor que indica que se busca un tribunal constitucional dócil se espante y desaparezca.

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Gonzalo--Lema-
Gonzalo Lema
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