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Editorial
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La hora de la verdad
Martes,  4 de Julio, 2017

Una serie de desafortunadas noticias ha estado contrastando con el discurso oficial que sigue machacando con las virtudes de la nacionalización, la recuperación de los recursos naturales y todo ese nacionalismo tan rancio que rodea a la industria del gas, que lamentablemente no ha servido más que para alimentar los apetitos y mezquindades de ciertos grupos de dudoso patriotismo.

Meses atrás, las autoridades relacionadas con los hidrocarburos tuvieron que admitir las denuncias que hizo el embajador argentino en Bolivia, sobre el incumplimiento de los volúmenes solicitados de gas, situación que desnudó los apuros que está pasando YPFB para alcanzar los niveles de producción que demandan los mercados internacionales y también el consumo interno, que se ha multiplicado por cinco en la última década y que va camino a los 20 millones de metros cúbicos diarios para el 2019.

En aquella ocasión, las autoridades nacionales trataron de mostrar que la posición del embajador era un asunto personal y pidieron que se retracte. Olvidaron considerar que ningún diplomático que se precie haría una declaración de ese tamaño a título individual, pues ellos son simplemente portavoces de los Estados, en este caso una Argentina que hizo el reclamo respectivo, pues ante el incumplimiento boliviano se vio obligado a pagar el doble por el gas provisto por Chile.

Volviendo al tema de la demanda, si sumamos todos los requerimientos, en poco tiempo más, Bolivia tendrá que sumar al menos 70 millones de metros cúbicos diarios, sin contemplar ningún requerimiento extraordinario, como el Mutún, por ejemplo, prácticamente condenado al olvido por falta de gas.

En ese contexto se produce otra mala noticia que viene a confirmar una versión insistentemente negada por el Gobierno. Se trata de un estudio realizado por el Brasil, que señala que numerosos campos gasíferos bolivianos están en la fase de agotamiento y que desgraciadamente no hay descubrimientos de nuevas áreas que ayuden a paliar una virtual caída de la producción.

La investigación señala con precisión el nombre de campos en el Chapare, Santa Cruz, Chuquisaca y el Chaco que fueron descubiertos hace décadas, en la etapa previa a la capitalización. Hace poco también se mencionó la situación preocupante de algunos mega-yacimientos ubicados en Tarija que estarían siendo sobre-explotados con el fin de cumplir los cupos requeridos. Estas maniobras fueron señaladas por especialistas como muy peligrosas para la industria.

Las novedades vinculadas a la corrupción dentro del área de hidrocarburos no ayudan a mejorar las perspectivas y peor todavía cuando se habla de reducir personal en YPFB, algo que en el sector público sucede solo cuando la situación es muy precaria. En estas condiciones, al Gobierno no le queda más remedio que decir toda la verdad sobre lo que está ocurriendo y no apelar a la trampa de afirmar que los recursos provenientes del gas no son tan importantes para el país, como lo dijo hace unos días el nuevo ministro de Economía.

Brasil, que señala que numerosos campos gasíferos bolivianos están en la fase de agotamiento y que desgraciadamente no hay descubrimientos de nuevas áreas que ayuden a paliar una virtual caída de la producción.

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