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Editorial
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Un carnaval diferente
Sábado,  25  de Febrero, 2017

La Fiesta Grande de los cruceños ha comenzado hace unas semanas con un anticipo de lo que puede ser su Gran Corso. La presentación de unas facetas precarnavaleras cada vez más espectaculares y vistosas -que van adquiriendo características de tradición- muestran la evolución que se está operando no solo en la organización y desarrollo del carnaval cruceño, sino la eclosión de una corriente cultural propia que hace falta fortalecer como corresponde. Se perfila la necesidad de una tarea de conceptualización de la cultura nativa del oriente y su significado a lo largo de su historia, sin perjuicio de la versión de las comparsas y sus reinas, que también reflejan su otro rostro superlativo.
 
Sin duda, se va desarrollando de manera paulatina un carnaval diferente, a medida que las organizaciones que participan del carnaval van adquiriendo conciencia del nuevo entorno social, económico y ambiental que también ha sufrido transformaciones. De hecho, sigue siendo válido el clamor de la ciudadanía y las instituciones para preservar el casco histórico de la tendencia vandálica de parte de una juventud todavía poco consciente de su valor cultural e histórico. Por otra parte, el juego con agua, tan nuestro y derrochador, tendrá que tener el freno de la responsabilidad de cara al futuro. Ya no es sensato ni atractivo si el líquido vital está asegurado sólo para los próximos tres lustros.
 
Además, resulta cosa sabida que disfrutar de las fiestas y retornar a los hogares sin mayor novedad ha pasado a ser una especie de reto a la integridad física por el elevado grado de inseguridad al que hemos llegado, el que se incrementa durante las fiestas carnestolendas. Por ello, la ciudadanía y las instituciones reclaman por un carnaval diferente: sano, seguro y respetuoso de la naturaleza. Es la fuerza de la necesidad la que impulsa los cambios de esta tradicional fiesta. Un carnaval sano en sentido del respeto efectivo por los que no participan y también por los que se integran al jolgorio. Saludable porque los excesos corren ahora bajo la sombra mortal del flagelo del sida.
 
La fortaleza del carnaval cruceño se remonta a sus raíces. Es la música de carnaval la que debe ser el hilo conductor para una fiesta diferente en estos tiempos que corren. Conviene seguir la saga de los grandes autodidactas Mateo Flores, Suzano Azogue y Zoilo Saavedra. El festival de las bandas debe fortalecerse y profundizar en la creación sobre la base de los nuevos tiempos. Es el baluarte cultural frente a las cumbias villeras y vallenatos y otras piezas musicales extranjeras. Deben ser bienvenidas las expresiones musicales del interior del departamento y del propio país para conservar la identidad propia y nacional. La alegría del cruceño requiere de un clima de seguridad ciudadana.
 
Este punto es el que debe convertirse en una característica más del carnaval diferente. Si bien las instituciones han tomado sus recaudos, corresponde a los ciudadanos asumir su cuota parte de responsabilidad. He ahí una tarea formidable e indicada para las juntas vecinales. Si la vecindad organizada coordina con los gobiernos local y departamental un plan mínimo que asegure mayor tranquilidad a la ciudadanía, debe asumirse la tarea para un carnaval seguro. El control policial resulta decisivo para frenar los desmanes del  consumo excesivo de alcohol, que también deviene en autocontrol y responsabilidad ciudadana. Un carnaval diferente es posible si se lo prefiere sano, seguro y responsable.

Bienvenidas las expresiones musicales del departamento y el país para conservar la identidad propia y nacional. La alegría del cruceño requiere de un clima de seguridad ciudadana que se convierta en una característica más de su carnaval.

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