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Editorial
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La hora de la verdad
Jueves,  23  de Febrero, 2017

Pasado el espectáculo, no queda otra opción más que recuperarse de la resaca, hacer un balance de los daños y recoger la basura que ha quedado regada por todos lados. Se llama “la hora de la verdad”, cuando se hace un recuento de los platos rotos y se echa una ojeada al saldo que quedó en caja.

El oficialismo debe reconocer que su tesis de la mentira resulta insostenible y a estas alturas, seguir machacando en este argumento resulta contraproducente, mucho más a partir de ahora, que la verdad se ha impuesto en las calles con una contundencia que no se esperaba.

La imagen del gobierno seguirá deteriorándose no sólo por los espectáculos mediáticos que le salen cada vez peor, sino también por seguir insistiendo en la reelección, posibilidad inviable desde el punto de vista legal y cada vez más lejana desde una perspectiva política.

El régimen mantiene intacta su capacidad represiva, indispensable para conservar la gobernabilidad, pero es indudable que sus posibilidades de movilización han disminuido, la confianza de la gente marcha en declive y a este paso, el peso electoral también puede caer en picada, hasta poner en peligro la continuidad del “proceso de cambio”, más allá del nombre que aparezca en la lista de candidatos.

No vamos a mencionar los numerosos oficialistas que exigen al Gobierno frenar la parafernalia mediática que puso al “caso Zapata” como punta de lanza y que derivó en el perfecto boomerang, pero sí conviene destacar el grito desesperado que lanzó ayer el dirigente, fundador e ideólogo del MAS, Osvaldo Peredo, quien ha pedido no seguir insistiendo en la candidatura de Evo Morales, porque observa que se le está haciendo mucho daño al único líder que tiene el proceso de cambio y por ende, se arriesga la continuidad de lo que él llama la “revolución socialista”.  A juicio del exconcejal, en las filas oficialistas existen elementos que están conspirando contra el esquema gubernamental y cree que el objetivo es su destrucción total.

Para ser justos, la hora de la verdad también se aplica para la oposición que mal haría en atribuirse la formidable demostración de fuerza del pasado martes. Eso no fue más que el resultado de una conjunción de fuerzas, especialmente de la voluntad ciudadana que ha encontrado sus propios canales de expresión, muy aparte de la conducta y la actitud de las agrupaciones políticas que no hacen más que despertar sospechas sobre el verdadero papel que juegan en este nuevo “empate catastrófico”, que en esta ocasión tiene al frente del poder hegemónico, a una potencia gigantesca que sólo un liderazgo genuino, sincero e inteligente será capaz de capitalizarlo hacia un programa de gobierno.

Sin embargo, más allá de cualquier análisis, insistimos en que el Gobierno mantiene intocable la batuta legal, represiva y mediática, combinación que le ha servido para llevar las cosas muy lejos. Sólo una visión de grandeza por el bien del país puede conducir la situación por el sendero de la cordura y la búsqueda de la paz.

El régimen mantiene intacta su capacidad represiva, indispensable para conservar la gobernabilidad, pero es indudable que sus posibilidades de movilización han disminuido, la confianza de la gente marcha en declive y a este paso, el peso electoral también puede caer en picada.

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