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Editorial
?Democracia!
Editorial
Domingo,  6  de Diciembre, 2009

El 19 de diciembre de 2005, este medio de comunicación colocó en este espacio el mismo título que aparece hoy sobre estas líneas. “¡Democracia!”. Aquella vez se destacó el inmenso valor del sistema democrático boliviano, que había sido capaz de reinventarse, regenerarse y devolverle a la población un resultado que fue contundente en las cifras y esperanzador, desde el punto de vista del mensaje que le transmitió la ciudadanía a la clase política, que durante los 23 años anteriores no había capaz de responder a las necesidades más urgentes de la población y que tampoco había podido construir un único proyecto de país, con la posibilidad de lanzar a Bolivia hacia horizontes de desarrollo, en paz y en unidad.
Decíamos aquella vez que la democracia está por encima de los políticos, de sus actitudes, de su corrupción y sus mezquindades y que pese a los grandes desafíos que aún estaban pendientes y de lo mucho que todavía restaba por edificar en el plano de la institucionalidad, ésta había podido mantener los principios fundamentales, especialmente la convivencia en libertad.
Fue la democracia la que le permitió a Evo Morales construir su liderazgo, pese a los grandes excesos que había cometido en su lucha sindical. Muy pocas democracias en el mundo pueden ufanarse de haber permitido que un hombre humilde, un indígena, un dirigente sindical ocupe la primera magistratura de la nación, casi siempre reservada a los representantes de las élites.
Evo Morales tiene mucho que agradecerle a la democracia boliviana. Se debe a ella, a las instituciones que lo protegieron, que impidieron que se cometan abusos contra él, que respetaron su derecho a la libre expresión; a los medios de comunicación que jamás le cerraron sus puertas y que, por lo contrario, lo colocaron en la posición de un líder emergente con capacidad para cambiar viejas estructuras que tenían secuestrada a la democracia.
¡Qué paradoja! Es justamente esa democracia la que se juega este domingo en Bolivia, más amenazada que nunca. Sólo en los períodos dictatoriales se habían producido tantos ataques al sistema republicano, tanta destrucción en las instituciones que constituyen la salvaguarda de los derechos y garantías.
La democracia facultó ampliamente a Evo Morales para llevar adelante un proceso de cambio, que en un país como Bolivia no puede significar otra cosa más que combate a la pobreza, lucha contra la corrupción y promoción del desarrollo con equidad. Lamentablemente ese “cambio” nos encuentra luego de cuatro años con más bolivianos viviendo en la pobreza, con muchos compatriotas buscando cómo emigrar, con peores niveles de corrupción y con una industria del gas –la actividad bandera del país-, destruida y con posibilidades muy remotas de recuperación.
Lo más grave de todo, sin embargo, ha sido el más despiadado ataque a la libertad que se ha producido durante estos cuatro años, de la mano de un sistema perverso, apadrinado por un esquema político foráneo que ha implicado pérdida de dignidad y de soberanía.
Pero como se ha dicho muchas veces, con la democracia no se juega. La capacidad intuitiva de la gente (no de los políticos, afortunadamente) es muy grande, valerosa y seguramente sabrá vencer estos negros días que vive Bolivia. Lo ha hecho en muchas ocasiones, pues ningún cambio vale la pena cuando se está sacrificando la libertad.

Evo Morales se debe a la democracia, pero nadie más que él la ha atacado hasta llevarla al riesgo de la destrucción total.  Hoy se juega la libertad.

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