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Editorial
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Droga en las escuelas
Viernes,  9 de Septiembre, 2016

Son desgarradores los testimonios de maestros y estudiantes que se quejan de la altísima presencia de drogas peligrosas en los colegios. Uno de ellos se atrevió a decir que se puede encontrar más cocaína o marihuana en las escuelas de la que incauta la policía.

La prensa lo ha registrado recientemente a raíz de un lamentable episodio ocurrido en un establecimiento del Plan Tres Mil, hasta donde se movilizaron agentes antinarcóticos que llevaron perros adiestrados para olfatear cada rincón del colegio, incluidas las mochilas de los estudiantes. Fue doloroso y también vergonzoso por el show mediático que se desató.

Los maestros describen un escenario muy peligroso, atestado de pandillas y grupos de narcos que reclutan a los mismos estudiantes para comercializar sus mercancías, con estrategias muy bien marcadas para iniciar a los adolescentes en el consumo de sustancias controladas.

La situación es también el caldo de cultivo para el incremento de violencia que pone en apuros a directivos y docentes, que en este momento no tienen las herramientas legales y administrativas para enfrentar el problema. Lo peor de todo es que tampoco disponen de un plan que ayude a prevenir el uso de drogas, a tratar casos complicados y a actuar en situaciones delicadas, pues muchas veces este comercio vil deriva en episodios de inseguridad que comprometen a toda la comunidad educativa.

En realidad, hace más de dos décadas que los planes de prevención contra las drogas desaparecieron de las escuelas bolivianas. Los gobiernos de turno nunca tuvieron el interés de llevar adelante estas iniciativas y las pocas que se desarrollaron se hicieron gracias a la cooperación internacional. El argumento de los burócratas es que Bolivia es un país de tránsito, donde el consumo de drogas no llega a niveles que justifiquen la preocupación.

Lo lamentable es que en la actualidad no se disponen de estadísticas actualizadas sobre el consumo, hecho que no deja de llamar la atención, pues incrementa las sospechas sobre la displicencia con la que maneja el gobierno este tema. Al comprobarse a través de estudios que estamos frente a una grave penetración de las drogas en la sociedad y especialmente en la juventud, se generaría una presión ciudadana muy fuerte y las autoridades se verían obligadas a atacar en todos los frentes, algo que se ha venido rehuyendo con suma tozudez.

Sin embargo, este escenario que describen los docentes del Plan Tres Mil viene agudizándose y así lo registran autoridades educativas, integrantes de la Defensoría y otras instancias que ven de cerca todos los días este problema y que también llevan adelante algunas acciones como repartir volantes en los colegios. Pero ellos mismos reconocen que la emergencia de hoy requiere de mucho más que un cartel que diga “No a las drogas”.  Gran parte de nuestra juventud ya está comprometida con el flagelo, es parte de él y el reto se encuentra bajo amenaza.

Los maestros describen un escenario muy peligroso, atestado de pandillas y grupos de narcos que reclutan a los mismos estudiantes para comercializar sus mercancías, con estrategias muy bien marcadas para iniciar a los adolescentes en el consumo de sustancias controladas.

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